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La calidad del aire, esencial para la salud y el bienestar

Hoy en día, más de la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas y tan solo el 12% de las ciudades tienen medidas de calidad del aire que cumplen las normas de la OMS; el costo financiero de los riesgos para la salud relacionados con cuestiones ambientales ronda entre el 5 y el 10% y, de todas ellas, la contaminación atmosférica provoca el mayor número de víctimas. Conocer el problema y sus consecuencias, nos brindará poder para tomar pequeñas decisiones individuales y fortaleza colectiva que nos ayuden a salir positivamente de esta situación.

Un estudio publicado en Environment International y liderado por científicos de ISGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona), ha puesto en evidencia las graves consecuencias  de la alta concentración de contaminación atmosférica y su correlato con la reducción en la esperanza de vida. Soy partidario de decir las cosas con absoluta claridad para que nadie se quede sin comprenderlo: la vieja idea de una economía que crece sin parar, sin diseño planificado y visionado desde un desarrollo verdaderamente sustentable, tiene un precio: como ya sabemos, enfermerás mucho más, pero sobre todo, y de acuerdo a esta investigación, aumenta nuestro riesgo de morir antes.

El estudio arroja los siguientes datos:

  • Un incremento de 5 μg/m3 (microgramos por metro cúbico) en la concentración de partículas PM10 resultó en una pérdida de casi un año de vida (las partículas PM10 -del inglés Particulate Matter- son pequeñas partículas sólidas o líquidas de polvo, cenizas, hollín, metal, cemento o polen, dispersas en la atmósfera, y cuyo diámetro es menor que 10 µm -1 micrómetro corresponde la milésima parte de 1 milímetro).
  • Un aumento de 2 μg/m3 en la concentración de partículas PM2.5 -es decir menores a 2.5 micras- se relacionó con una reducción de 7 meses de vida. La medición de estas partículas en suspensión, son un mejor medidor que las anteriores porque representan con más rigor la contaminación creada por la actividad humana y que en buena medida provienen de los vehículos diesel urbanos; está probado que los efectos sobre la salud son graves porque tienen gran capacidad de ingresar a las vías respiratorias, predisponer a trastornos cardiovasculares y hay estudios -como uno muy importante realizado en Madrid en el 2008- correlacionan con claridad su aumento con los mayores ingresos hospitalarios.

Para llevarlo a una ilustración práctica, en una gran ciudad como Buenos Aires de donde son la gran mayoría de mis lectores, además de un tránsito desordenado como es evidente, se cuenta con tres centrales térmicas a orillas del Río de la Plata tales como Nuevo Puerto, Puerto Nuevo y Costanera; estas centrales consumen gas durante la mayor parte del año generando in situ una contaminación mínima (debemos considerar, en el global, la contaminación que se produce en el punto de extracción, más que hoy día se están utilizando tecnologías como el fracking, muy nociva para el ambiente), pero, durante los aproximadamente 30 días más frío del año pueden quemar fuel-oil y gas-oil y generar enormes cantidades de material particulado altamente tóxico para el ambiente y la vida humana y que va acumulándose en nuestros organismos de manera paulatina. El resultado atribuíble a las tres centrales térmicas es 331 toneladas de material particulado al año, de acuerdo a datos no actualizados de IMAE-PNUMA (2003) ¡y eso es solo una parte del problema!

Los automóviles, además de las emisiones propias de la combustión, lo hacen a través de la fricción de los rodados en el suelo, por el desgaste de los frenos y por la resuspensión de polvos debido al paso de los vehículos, multiplicando el impacto negativo de las partículas en cuestión; en este sentido, el cálculo de material particulado para Buenos Aires ha sido de  5285 toneladas para el transporte de pasajeros y de 10.649 para automóviles, taxis, camiones y camionetas. A esto sumémosle el correspondiente a las residencias, comercios, pequeñas industrias y aviones y da un total de 16.812 toneladas de estos nocivos contaminantes. ¡Es mucho! Y realmente todo un desafío para que nuestro organismo sostenga la homeostasis.

La contaminación del aire exterior es causada por las emisiones de la generación energética, el transporte, los hornos industriales, los hornos de ladrillos, los incendios forestales, la agricultura, el polvo y las tormentas de arena; en buena medida, hoy tenemos los conocimientos y los recursos para incorporar eficiencia en estos procesos de manera muy rápida, aunque la decisión política no siempre acompaña lo suficiente. Un fuerte impulso de las energías renovables, como hemos visto en las estadísticas de referencia para la ciudad de Buenos Aires, sacaría de circulación la masa más importante de materia particular (PM) contaminante y promotora de enfermedades. La incorporación tecnológica que permita dejar atrás el uso del petróleo como fuente de combustible principal depende de una serie de deciciones que simplemente están obstaculizados por la industria petrolera. Los hornos de ladrillos podrían incorporar diseños renovados que aún utilizando la combustión de madera, permitiría reducir a niveles mínimos la emisión de gases tóxicos; esto en nuestro país depende simplemente que instituciones como el INTI, el INTA o el CONICET, con impulso gubernamental, hagan llegar simples conocimientos de aplicación muy económica a los productores artesanales primarios. Por otra parte, la generalización de la legislación que permita y promueva la construcción natural, permitiría que muchas personas opten por construir sus casas con tierra cruda, ladrillos sin cocer y materiales nobles que, además de no ser contaminantes como los tradicionales, serían el corazón de hábitats más saludables y energéticamente más eficientes, resultando más salud, mejor calidad ambiental, más eficiencia energética, una economía más sustentable y una sonrisa en la cara de más argentinos.

Una investigación conjunta entre el  ISG y la Universidad de Leeds (Inglaterra) determinó que los niños y adolescentes expuestos a niveles altos de contaminación atmosférica tienen un riesgo aumentado de desarrollar asma, e insisto en ponerlo en el lenguaje que entiende la gente para que comprendamos el precio que pagamos por la polución: si la contaminación fuera menor o nula, muchas personas que padecen asma no la tendrían.

Otro estudio de la misma organización española, concluyó que la exposición a altos niveles de contaminación atmosférica provocada por el tráfico de coches antes y durante la actividad física podría reducir sus beneficios para la salud. Las conclusiones no son definitivas, porqué hay otros estudios que han indicado que los beneficios de la actividad física superan a los prejuicios de la contaminación y esto seguramente tendrá que ver con el mix de tóxicos a los que los sujetos de la investigación estuvieron expuestos, lo cierto es -y esto podemos afirmarlo con claridad- que realizar ejercicio en ambientes naturales y/o libres de contaminación atmosférica, aumenta su potencial saludable. ¡A tenerlo en cuenta!

¿Qué podemos hacer?

Estos datos reflejan un problema de salud pública del cual ninguno de nosotros puede escapar y tal como afirma Carmen de Keijzer, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio, “la exposición a la contaminación atmosférica ya se había asociado con un incremento en las tasas de mortalidad, pero hasta ahora pocos estudios se habían centrado en la esperanza de vida y la mayoría tenía una cobertura espacial restringida”. Sin embargo, reconocerlo como individuos nos puede ayudar a paliar sus consecuencias mientras llegan soluciones más profundas, eligiendo un estilo de vida que evite los lugares muy contaminados en la medida que lo podamos hacer, que favorezca una alimentación sana que no sume más toxinas a nuestro cuerpo e incluso que incorpore más sustancias detox en forma de alimentos y plantas específicas (cardo mariano, eucalipto, cola de caballo, alcachofa…), quelantes naturales de los metales pesados (cilantro, ajo, arcilla medicinal, zinc, selenio…) o maravillosas técnicas como la irrigación colónica o el drenaje linfático.

De todo esto también enfatizo la toma de conciencia de la importancia de la limpieza urbana, la forestación que atrapa la contaminación (plazas, parques, jardines, muros verdes, bosques perimetrales a las grandes vías), la mejora del transporte público o -como hemos hablado en otras oportunidades- la promoción de fuentes y cascadas naturales de agua corriente que, al generar los valiosos IONES NEGATIVOS precipitan las grandes partículas contaminantes de la atmósfera cargadas con electricidad positiva. ¡Todos podemos hacer algo! Cosas tan sencillas como cuidar el árbol del frente de nuestra casa, llenar su cantero de flores, producir en una maceta aunque sea uno o dos de los alimentos que consumimos, usar las escaleras en lugar del ascensor, elegir caminar cuando los trayectos son cortos, usar la energía con racionalidad, optar -cuando es posible- por alimentos orgánicos, evitar automedicarnos… Pequeñas cosas que generan un impacto positivo en la globalidad ecológica de la que somos una pequeña parte.

Pablo de la Iglesia


Referencias:

* Asocian la exposición a la contaminación atmosférica con una reducción importante de la esperanza de vida en España; http://bit.ly/2jPSQ3Y
* Concentración de material particulado en el aire en la ciudad de Buenos Aires; Laura E. Venegas y Paula B. Martin; http://bit.ly/2iTr42i
* La exposición a la contaminación atmosférica aumenta el riesgo de asma infantil; http://bit.ly/2jPWQRU
* La exposición a niveles altos de contaminación atmosférica reduce los beneficios de la actividad física; http://bit.ly/2itrVdU
* ¿Qué son las PM2,5 y cómo afectan a nuestra salud?; http://bit.ly/2jIKOW8

Observaciones:

* El estudio de ISG focalizado en áreas pequeñas realizado en el contexto del proyecto LIFE MEDHISS (cuyo objetivo es contribuir a la actualización y desarrollo de la política y legislación medioambiental de la Unión Europea en términos de efectos adversos en la salud de la contaminación atmosférica), los investigadores dividieron la totalidad del estado español en 2.148 áreas con al menos 3.500 habitantes que abarcaban una población total de 44,5 millones de personas, tomando como referencia comparativa otras investigaciones realizadas en EE. UU., Canadá, Japón o China.