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¿Dónde comienza el desafío de la alimentación consciente?

Sin lugar a dudas, los alimentos refinados y procesados por la industria alimentaria son el primer desafío a superar en el camino a la construcción de una buena salud. Muchos pueden argumentar que son prácticos, ahorran tiempo e incluso más económicos; asumamos este escenario como tal y digamos que la practicidad con la que servimos una comida en la mesa tiene como precio volver inconsciente uno de los actos más importantes a la hora de definir toda nuestra vida mucho más allá del momento de cocinar y comer; el tiempo que ahorramos en cocinar, seguramente más tarde tendremos que invertirlo en mayor tiempo en la sala de espera del consultorio médico, haciendo trámites en el seguro de salud o con pérdida de la productividad personal; y si todavía la alimentación procesada y refinada le sigue pareciendo más económica, compare lo que cuesta un kilo de quinoa, medio litro de aceite de coco, un litro de aceite de oliva virgen extra, 100g de cacao amargo, con lo que gasta en medicamentos una persona que padece hipertensión, diabetes, trastornos cardiovasculares, cáncer o en recuperación de un ACV.

¡Por favor, haga bien todas sus cuentas! Seguramente verá con mejores ojos la inversión en alimentación consciente. Sin lugar a dudas, si usted pone el ítem “alimentación” en un compartimiento estanco, es probable que encuentre algunas variables que comparativamente son competitivas entre la alimentación saludable y la comida basura que inunda la mayoría de los hogares de un planeta que, lo miremos por donde lo miremos, está muy enfermo. Pero si consideramos la “alimentación” en el contexto global de nuestra vida, es como comparar un jet último modelo con un viejo Ford T que nunca ha recibido mantenimiento. ¡Créame! Es otro viaje; solo por hoy apostemos por las frutas, las verduras, los frutos secos, los cereales integrales, las legumbres y -solo si lo desea- pequeñas cantidades de alimentos de origen animal provenientes de producciones limpias y respetuosas con el medio ambiente.

Una buena alimentación debe basarse en alimentos y comida de verdad, no en comida basura que solo aporta calorías vacías, aditivos alimentarios y satisfacción de nuestras adicciones auspiciadas por las colonias de hongos, parásitos y bacterias patógenas que hemos sabido conseguir y condicionan nuestro comportamiento y potenciales humanos; su cuerpo, su mente y su espíritu funcionan en modos diferentes con una y otra forma de alimentarse y hay centenares de razones que explican la diferencia.

Un alimento procesado y refinado es aquel que ha sido alterado y dista de ser tal como la naturaleza nos lo brinda. Por ejemplo, en un extremo y en otro, un jugo de limón concentrado y un limón fresco, una lata de piñas en almíbar y una piña fresca, un bife a la plancha con ensalada y un sandwich de jamón cocido con mayonesa, ketchup y una rodaja de tomate, agua pura y agua saborizada con edulcorantes y aditivos químicos… ¿Comprende la diferencia? Los economistas le llaman “valor agregado” y yo le llamo “valor degradado”.

En un contexto razonable y adecuado a nuestra vida contemporánea, nuestra búsqueda apunta a alejarnos lo menos posible de lo que representa la recolección de frutas y hortalizas, la pesca, la caza y la cocina casera. Es decir, para la mayoría de nosotros, esto implicará ir a la verdulería a comprar frutas y verduras frescas, al almacén naturista por frutos secos y algo de legumbres y cereales integrales, si comemos carne iremos a una carnicería donde vendan animales de pastoreo, buscaremos huevos de gallinas felices y nos tomaremos tiempo para cocinar. Algunos producirán pequeñas cantidades de sus propios alimentos, aunque sea una albahaca en la maceta de la ventana; otros tendrán una pequeña huerta en su jardín, ¡incluso en el balcón! En fin, la idea de la alimentación consciente no es frustrarse por lo que no nos es posible, sino hacer lo mejor posible con lo que tenemos a nuestro alcance.

¿Cual es la diferencia entre un alimento natural y uno procesado? El primero es un ingrediente en tu cocina, el segundo tiene una lista de ingredientes en el mercado. Entonces el primer paso hacia una alimentación saludable es optar por alimentos naturales. ¡Por supuesto, solo es el primer paso! Luego tenemos un montón de conocimientos y recursos para seguir sintonizando fino según nuestros gustos, necesidades y objetivos, pero este es el más importante y seguramente debe representar al menos el 75% del camino; si hiciéramos tan solo esto de manera masiva, ¡el mundo cambiaría por completo!

Pablo de la Iglesia

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La importancia de los alimentos biológicos

La filosofía que moviliza la producción biológica, orgánica o ecológica de alimentos implica evitar recurrir al uso de sustancias químicas tales como pesticidas, herbicidas, plaguicidas u antibióticos que pueden resultar tóxicos y, en su lugar, recurrir a sustancias naturales con ese propósito.

También es importante el diseño de los espacios productivos procurando conservar la biodiversidad y evitando esa especialización productiva que uniforma los paisajes predisponiéndolos a la pérdida de sus equilibrios naturales y controles espontáneos; en la naturaleza, cuando hay diversidad, cada especie tiene su predador o un límite natural, en cambio, cuando predominan los monocultivos, una plaga puede volverse dominante con facilidad y es necesario controlarla con sustancias tóxicas que, de una u otra manera, se incorporan a las cadenas tróficas y terminan en nuestro plato.

Otro aspecto a resaltar es que la agricultura biológica evita el uso de organismos modificados genéticamente (OGMs), más conocidos como transgénicos y en torno a los cuales se abren intensos debates en la comunidad científica; lo cierto es que, a la inversa de lo que era su promesa inicial, estos conllevan un mayor uso de sustancias tóxicas, exigen cultivos intensivos que han provocado desmontes desproporcionados y su consumo se ha visto asociado a alergias, trastornos inmunitarios y es potencialmente cancerígeno.

Además de no contener pesticidas ni OGMs, los alimentos orgánicos aportan más nutrientes. Si tomamos como ejemplo los tomates, los diferentes indicadores señalan que pueden tener unas cinco veces más calcio, incluso más de diez veces el aporte de magnesio y casi dos mil veces la cantidad de hierro -que en los convencionales puede ser casi inexistente-. En las lechugas el calcio puede multiplicarse más de cuatro veces, cifras similares para el magnesio y, al igual que en el ejemplo anterior, la diferencia de hierro es muy significativa llegando a ser unas cincuenta veces más.

En los alimentos de origen animal también ocurre lo mismo. Son notables las diferencias nutricionales entre un huevo puesto por una “gallina feliz” que corre por el campo, pololea con el gallo y come lo que le es natural y aquellas que están hacinadas en una jaula, nunca ven un gallo y se alimentan de un polvo balanceado. Un estudio realizado en el 2007 verificó estos valores y encontraron que los huevos orgánicos tienen 1/3 menos colesterol y 1/4 menos de grasa saturada, así mismo tienen 2/3 más vitamina A, dos veces más ácidos grasos Omega 3, el triple de vitamina E y siete veces más betacaroteno. ¡Todo a favor de los huevos de “gallinas felices”!!

En cualquier caso, a medida que nos alejamos de la producción biológica de alimentos, el medio ambiente se resiente y, por sobre todas las cosas, nuestra salud y bienestar depende de la integridad de la naturaleza, del aire puro, del agua limpia y de los suelos vivos, ¡nuestros alimentos primarios!; si esto no ocurre, todas nuestras buenas intenciones perderán fuerza como una semilla que no alcanza su potencial en una tierra que no es fértil. Lo que es bueno para nosotros, es bueno para la tierra y lo que es bueno para la tierra, es bueno para nosotros; esta es una lógica consistente que emerge con contundencia de la observación de la naturaleza y que debería ser la guía para la construcción de una civilización basada en el cuidado.

Y realmente no es tan complicado volver a una alimentación biológica, al menos en alguna medida, aunque en el mundo de hoy, confundidos en una Babel de conocimientos, nos olvidamos que esto es lo que simplemente nuestros abuelos llamaban comida. Y si a ello le sumamos nuestra mayor voluntad de volver un poco más a la cocina como en aquellos tiempos, mucho mejor.

No hay un solo enfoque en la medicina natural para promover la salud o hacerle frente a la enfermedad. Incluso entre ellos hay contradicciones notables que muchos lectores siempre me harán notar y son un estímulo para seguir investigando potencialidades, sin embargo, lo que debemos comprender por sobre todas las cosas, que el secreto detrás de todos los secretos, es vivir en un equilibrio con la naturaleza. Debemos volvernos observadores y, en función de nuestro escenario, aspiraciones y posibilidades, ir tomando decisiones acordes a este objetivo; hay patrones comunes que son inapelables y hay otros aspectos del guión cuyos factores y proporciones pueden reordenarse. Pero siento que el mayor esfuerzo por elegir alimentos biológicos, impulsar su producción y consumo, constituye una visión orientadora en el corazón de una estrategia de salud para nosotros, para la sociedad y para el planeta.

Hoy que hablamos tanto de ALIMENTACIÓN CONSCIENTE, para profundizar en ese camino podemos remitirnos a una enseñanza de George Ohsawa que invitaba a los practicantes de la alimentación macrobiótica a hacer el ejercicio reflexivo de discernir en cada caso por qué se come: ¿Para crecer? ¿Por placer? ¿Para curarse? ¿Para evolucionar espiritualmente?… En este camino hacia la alimentación consciente, lo más importante no es si somos veganos o higienistas, si comemos carne o no lo hacemos, sino que nuestras elecciones sean permanentemente reflexivas y que nos permitan ir tomando decisiones para que cada uno de nuestros alimentos y hábitos de vida sean una contribución que aporte un granito de arena para mejorar nuestra salud y que sumen para crear un mundo mejor.

CONSCIENTE es estar lúcido para darnos cuenta que una buena respuesta no necesariamente lo es siempre o en diferentes escenarios; es una forma de estar vivos, de poder trascender el condicionamiento y la creencia que nos cristaliza. Y tomar decisiones en virtud de la verdadera inteligencia que nace de un estado de comunión y sensibilidad con la vida. Optar por alimentos biológicos siempre que nos sea posible, producirlos aunque sea en una maceta, un balcón o un pequeño patio, o tener disposición a pagar un poquito más para cuidarnos y premiar al que lo produjo con una cuota de respeto adicional, es una forma práctica de abrirnos a este estado que nos guiará naturalmente al despertar de la consciencia a través de la alimentación. En el mundo de hoy no es fácil alcanzar este objetivo de manera plena, lo realmente importante es que, desde donde estemos, demos un pasito en la dirección correcta; porque realmente, para que este cambio sea posible de manera profunda, este es el mejor ejemplo que la transformación es un camino que debemos ir transitando todos juntos.

Consejos para no desanimarse

No se trata de abordar la cuestión en términos de “esto o lo otro” o de “todo o nada”, tal vez el camino viable para la mayoría de nosotros es ir dando pasos pequeños pero firmes en la dirección correcta. A veces, en un almacén naturista, podremos acceder a un producto orgánico; otras veces lo buscaremos y no lo hallaremos o nos desalentará su precio, pero no demos por supuesta esa creencia que dice que “lo orgánico siempre es más caro” y permanezcamos atentos a las oportunidades.

Algunas aromáticas las podemos plantar en macetas; por ejemplo, menta, perejil o melisa no necesitan mucho sol e incluso las podemos producir en la cocina. Otras como albahaca, ajo, anís, comino, hinojo, orégano, tomillo o romero, requieren más sol y será mejor tenerlas afuera, en el balcón si vivimos en un departamento o sobre ventanas muy soleadas.

Pimiento, ajo, tomate, rúcula o lechuga son ejemplos muy buenos de hortalizas cuya producción podemos abordar en pequeños espacios y hacer una gran diferencia en nuestras vidas.

No importa si es mucho o es poco, importa que nuestro cuerpo vuelva a tomar contacto con alimentos vitales y, especialmente si vivimos en departamentos y grandes ciudades, que retomemos el contacto con la tierra y el proceso vital que hay detrás de la reproducción y el crecimiento de una plantita que luego será nuestro alimento. Esto hará una diferencia en el crecimiento interior de todos los miembros de la familia si los involucramos en su cuidado y tengamos presente que es una parte del camino que es esencial que experimenten todos los niños.

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Primeros pasos en la alimentación consciente

El secreto es buscar información de calidad, escuchar la respuesta de nuestro cuerpo a cada una de nuestras elecciones y sentir la voz de nuestro corazón; ¡esta es la perfecta combinación para tomar las mejores decisiones conscientes y a nuestra propia medida!

 

 

EL VERDADERO CAMINO POR EL QUE FLORECE EL DESARROLLO
Y LA FELICIDAD DE LOS PUEBLOS ES LA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Permíteme explicarlo con algunos datos:

 

¿Sabías que por cada punto que se reduce la desnutrición
baja la pobreza en un 4%?

¿Y que por otra parte la reducción de la pobreza en un 1%
sólo logra reducir la desnutrición en 0,25%?

 

 

Estos datos ponen en evidencia la importancia de la educación y la información de calidad para que las personas, especialmente los más pobres, se vuelvan consumidores conscientes y utilicen sus magros presupuestos eligiendo los alimentos que les brinden la mejor relación costo-beneficio para su salud. Y por supuesto, procurar producir uno mismo al menos una pequeña parte de los mismos. ¿No te parece?

La desnutrición es apenas uno de nuestros problemas, cada paso que demos en favor de una alimentación saludable nos será útil para eludir las principales enfermedades como la obesidad, el cáncer, la diabetes, la hipertensión y, con ellas, las razones causales de más muertes en el mundo.

Tal como dice Miguel Leopoldo Alvarado, Lic. en Nutrición y Especialista en Nutrición Ortomolecular:

Realizando un análisis retrospectivo el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades degenerativas se pueden explicar como un subproducto de la civilización.
Observando lo ocurrido en poblaciones aisladas de la civilización, veremos que mientras conservan sus patrones primitivos de alimentación las enfermedades degenerativas son prácticamente inexistentes y que cuando adoptan una dieta compuesta por
alimentos industrializados, irremediablemente aparecen las características enfermedades atribuidas a los factores de la civilización. Eso lo demostraron durante el siglo XX renombrados investigadores, quienes también advirtieron que de no tomar enérgicas medidas preventivas su incidencia y prevalencia se generalizaría en todas las poblaciones que incorporaran a su dieta los alimentos industrializados.

 

La dieta ecológica -o lo más que podamos aproximarnos a ella-, además, es una forma de cuidar nuestro cuerpo y a la vez el planeta -sin cuya integridad nuestro cuerpo tiene mayores dificultades para sostener la homeostasis-; elegir alimentos orgánicos y provenientes de producción agroecológica cuando nos sea posible, también nos compromete con las futuras generaciones.

Desde una mirada amplia, comer más sano y natural, puede integrarse perfectamente con una mirada que a la vez busque generar el menor impacto en el planeta, una cuestión que tiene muchas aristas.

Hoy podemos optar por alimentos ecológicos u orgánicos que han sido producidos a miles de kilómetros de distancia y tienen que llegar a nuestro plato a través de toda una cadena de transportes y cuidados, de la misma manera que podemos optar por alimentos ecológicos producidos en cercanías. ¡No es lo mismo! Incluso un alimento regional, “no tan ecológico”, puede ser más ecológico que el anterior. ¡Vale la pena que reflexionemos en esto! Y de esta manera desarrollar una mirada más aproximada al análisis racional del verdadero impacto de cada una de nuestras acciones.

 

 

Seguramente muchos de nosotros hemos preparado una ensalada al mediodía y hemos aprovechado para dejar cortadas o rayadas algunas de las hortalizas que usaremos en la próxima comida; no está mal -siempre es mejor hacer eso si tenemos un estilo de vida agitado que comer algo procesado-, pero tengamos en cuenta que una vez peladas y cortadas, en contacto con el oxígeno se exponen a mayor oxidación. No se trata de todo o nada, tan solo de sentido común y una atención razonable para establecer un estilo
de vida lo más saludable posible en función de las circunstancias cotidianas.

¡FRESCOS, VIVOS E INTEGRALES! Este es un buen mantra para orientar nuestra alimentación hacia un estilo consciente.

Otro sería ¡FRUTAS, VERDURAS Y SEMILLAS!, para recordarnos que la mayor parte de los alimentos debe provenir de allí.

Hay muchos lugares desde donde empezar este camino, uno de ellos es por la selección de los alimentos por su calidad.

El viaje comienza allí donde estés y tan solo con un paso.

¡Bienvenido al camino de una vida mejor!

Pablo de la Iglesia