Publicado el

La nobleza de un cereal

El doctor Miquel Pros, autor del libro “Cómo Cura la Avena” y fundador de la Asociación Española de Médicos Naturistas, afirma que este cereal puede resolver una gran cantidad de trastornos de la salud; en la misma línea, el Dr. Eduardo Alfonso, referente histórico de los Médicos Naturistas, ha afirmado que:

“La acción terapéutica de la avena no puede encontrarse en ningún otro cereal, ya que este noble alimento, es capaz de resolver el curso de graves enfermedades nerviosas, digestivas, reumáticas y a su vez, satisfacer el más exigente paladar.”

La avena ha formado parte protagónica de la alimentación de pueblos como Irlanda y Escocia, reconocidos por ser comunidades vigorosas. Hoy día, la avena es incluida en todo tipo de comidas en forma de copos; esta es una presentación conveniente porque en el proceso de transformación de los granos en copos, estos son “reventados” mediante unos cilindros y no pierden casi nada de su valor nutricional.

Los copos de avena son populares por su versatilidad, ya que se pueden preparar crudos (fermentados al menos 12 horas) o cocidos, con leche de vaca -no recomendado- o bebidas a base de cereales, legumbres o frutos oleaginosos, así como agua, caldos, frutas, yogur o kéfir.

El muesli es otra forma popular de consumir avena y se trata de una costumbre de origen suizo que tiene mucha aceptación en el mundo. El muesli puede adquirirse en el mercado, con presentaciones y calidad muy variables; también se puede preparar en casa mezclando copos de avena, miel, almendras picadas y frutas ralladas.

Podemos utilizar la avena en sopas. Se prepara un caldo a gusto y luego le añadimos unas cucharadas de copos de avena, preparando una sopa muy nutritiva.

También se presenta molido en forma de harina con la que se preparan bizcochos, galletas, tartas, panes y demás postres, de forma similar a lo que haríamos con otras harinas pero con el extraordinario valor dietético de la avena; puede utilizarse sola o mezclada en proporciones deseadas.

El agua de avena es ideal para deportistas y personas sometidas a gran esfuerzo físico o intelectual; la obtenemos hirviendo unos copos en un litro de agua durante una hora.

Algunas afirmaciones textuales del doctor Miquel Pros:

Regulará tu peso: si padeces sobrepeso, adelgazarás; si tienes bajo peso, engordarás. Te esculpe, y es muy diurética.

Es un regulador metabólico, de tal modo que depura sobras y cubre carencias.

Viejos dichos germánicos como Hafer macht Männer stark (la avena vuelve a los hombres de hierro) y Dar Hafer sticht (la avena te acelera) son ciertos: la avena es una riquísima fuente de energía y vitalidad.

Refuerza su inmunidad, y además les ayuda a concentrarse: si la dieta infantil incluyese siempre avena, ¡seguro que descendería el índice de fracaso escolar!

Ah, y la avena debería incluirse en las dietas de todos los hospitales: refuerza el organismo ante cualquier tratamiento y acelera las recuperaciones postoperatorias.

Convengamos que la avena NO tiene gluten pero se contamina en los mismos molinos en los que se procesa el trigo y otros cereales, y esta es la razón por la cual este cereal se consideró apropiado para muchas personas intolerantes al trigo pero que no lo eran con la avena; hoy se ofrecen presentaciones de “avena sin gluten”, lo cual implica que proviene de productores que se dedican a trabajar sólo con avena evitando la contaminación cruzada con el trigo; debemos asegurarnos que esta sea una cualidad certificada antes de consumirla si nuestra alimentación requiere que sea libre de gluten.

Publicado el

Más sobre la salud ósea

Pablo, si bien soy una persona saludable, quisiera ocuparme de la salud de mis huesos. ¿Qué me aconsejás? Luisa, 41 años, Buenos Aires. 

Luisa, me encanta cuando la gente se adelanta a los problemas y diseña estrategias preventivas. Veamos:

* Procura disminuir el consumo de alimentos refinados como las harinas blancas y, muy especialmente, el azúcar blanco; junto con los edulcorantes artificiales resultan muy acidificantes de la sangre, lo cual, en definitiva, provoca pérdida de calcio en los huesos.

* Hay que exponerse al sol. Se ha insistido tanto con los riesgos del bronceado que mucha gente hoy evita los baños solares; con moderación y equilibrio, necesitamos «beber» de esta fuente de vitamina D.

* Hay que consumir frutas y verduras, preferentemente crudas, en forma consistente y sostenida. Ayudan a alcalinizar la sangre y nos aportan toda una gama de minerales y oligoelementos imprescindibles para la salud ósea, entre ellos el boro.

* Si has seguido estos consejos, todo el calcio que consumas se asimilará mejor; mis fuentes preferidas son las semillas como el sésamo y las almendras. Hay otros alimentos que aportan además nutrientes cofactores como el lino, la chía, las legumbres o las algas; es importante incorporarlos a todos y con regularidad a nuestra dieta.

* Un mineral muy necesario para el metabolismo del calcio es el magnesio; el viejo y conocido cloruro de magnesio es una forma barata y eficaz de sumarlo a nuestra dieta.

Realizar actividad física; hay que dejarse orientar por un instructor calificado para elegir los ejercicios que aporten carga, pues de esta manera el hueso se regenera.

El tema da para mucho más, pero aquí tenemos muy buenos recursos para comenzar, ¡los mejores y más importantes a largo plazo!, el resto es sintonía fina.

Pablo de la Iglesia

Publicado el

Propiedades del arroz YAMANÍ

Propiedades del arroz yamaní

Las propiedades del arroz yamaní lo han posicionado como una de las variedades de arroz integral más utilizadas en todo el mundo.

El arroz yamaní es una variedad originaria de Japón que se cultiva en climas templados y fríos; se trata de un grano corto, de color dorado y un sabor dulzón que tiene reminiscencias a nuez.

¡Y sin duda es uno de los más populares y reconocidos!

Propiedades del arroz yamaní

Veamos cuales son las propiedades del arroz yamaní para ocupar un lugar de preferencia entre las variedades de elegidas:

  • Rico en vitaminas del complejo B; en consecuencia, favorece al sistema nervioso y al metabolismo de los hidratos de carbono.
  • De todas las variedades de arroz es uno de los que menos proceso tiene desde el campo al consumidor; por supuesto, esta es una de las razones por las que es una estrella en las llamadas dietas de transición.
  • A diferencia de la mayoría de los cereales que suelen ser ligeramente acidificantes, el yamaní tiene un equilibrio ácido/alcalino neutro. Seguramente esta es la razón más importante por la que se consolidó como uno de los preferidos de la cultura macrobiótica; luego, en Occidente, ocurrió lo mismo en otras escuelas de salud natural.
  • Es ligeramente hipotensor.
  • Favorece la regularidad intestinal.
  • Ayuda a regular el colesterol.
  • Aporta ácido fítico, por lo que expulsa toxinas del cuerpo.
  • Por supuesto, no contiene gluten; consecuentemente es un alimento beneficioso para los celíacos.

El arroz yamaní es un alimento adecuado para monodietas desintoxicantes; especialmente en personas con cáncer, hipertensión, problemas renales, cardiovasculares u obesidad.

Cómo cocinar el arroz yamaní

Para proceder a su cocción, colocar en una olla dos tazas de arroz yamaní y cuatro o cinco tazas de agua; opcionalmente, una cucharadita de sal.

Llevar a fuego fuerte y cuando empiece a hervir se debe tapar la olla y bajar el fuego; luego de unos veinte minutos el grano debe estar seco.

Se apaga el fuego, se revuelve con una cuchara de madera y está listo para cualquier preparación culinaria; consumir inmediatamente o guardar en el frigorífico en un envase con tapa.

Si no lo vamos a consumir en el día, es recomendable mezclarlo con una o dos cucharadas de un buen aceite como el de oliva virgen; esto evita  que se seque y se conservan mejor el sabor y las propiedades del arroz yamaní. ¡Y sobre todo le brinda un toque que resaltará tus comidas!

En este caso, observemos que el tiempo de cocción es más largo que el del arroz común pero más corto que el de otras variedades como el negro o el rojo.

Recetas con arroz yamaní

Arroz yamaní y lentejas salteadas

Ingredientes

  • 2 tazas arroz yamaní cocido. Por supuesto, puedes variar las cantidades según tus gustos. A veces tengo ganas de comer arroz con verduras y otras verduras con arroz; ¡seguro a ti también te pasa!
  • 2 zanahorias.
  • 1 cebolla.
  • 1 taza de lentejas cocidas (¿Sabías que las lentejas son una extraordinaria fuente de folatos?)
  • 200 grs. de champignones.
  • 100 grs. tofu.
  • 1 cda. aceite de oliva virgen extra.
  • 1 cdita. cúrcuma.
  • 1/2 cdita. de jengibre.
  • 1 cdita. sal del Himalaya o marina (opcional).
  • 1 cda. de salsa de soja (opcional).

Preparación

  • Colocar el wok al fuego con el aceite. Incorporar las zanahorias cortadas en cubitos, la cebolla bien picada y saltear unos minutos; agregar los champignones laminados y saltear otro poco. No indico tiempos porque cada uno tiene sus gustos con la textura de los vegetales y los champignones.
  • Pisar el tofu con un tenedor o deshacer con los dedos; mezclar en un bol con la sal, la cúrcuma y el jengibre.
  • Agregar el tofu al wok y seguir salteando.
  • Incorporar las lentejas y el arroz.
  • Cuando esté listo, apagar el fuego, agregar la salsa de soja y remover suavemente hasta que todo esté integrado.
  • ¡Servir calentito para disfrutar los sabores de oriente y aprovechar las propiedades del arroz yamaní!

Hamburguesas de arroz yamaní

Ingredientes 

  • 1 taza de garbanzos cocidos.
  • 1/2 taza de arroz yamaní cocido.
  • Zanahoria, morrón rojo, cebollas y choclo a gusto.
  • Sal marina, pimienta y jengibre a gusto.
  • Avena extrafina o harina integral de amaranto para rebozar.

Preparación:

  • Procesar los garbanzos hasta que tengan la textura de una pasta.
  • En un bowl mezclarla con el arroz yamaní cocido, los condimentos, la zanahoria, la cebolla, el morrón picados y el choclo previamente salteados.
  • Armar las hamburguesas con las manos o  darle forma con un molde.
  • Rebozar las hamburguesas y cocinar vuelta y vuelta en una sartén con un poco de aceite de oliva virgen previamente calentada.

El yamaní en nuestra alimentación

Demás está decir que aprovecharemos su consumo en el marco de una alimentación saludable; la cual preferentemente debe basarse en frutas, vegetales y frutos secos, con cantidades moderadas de legumbres y cereales. Carnes y huevos opcionales y según estilo de vida, preferentemente en cantidades limitadas.

El arroz yamaní por sí mismo no hace a una dieta equilibrada, pero te acerca un paso más a ella.

¡Buen provecho!

Pablo de la Iglesia

Publicado el

¡El pollo «engorda»!

En Argentina, el consumo de carnes aumentó de manera significativa, contribuyendo -sin ninguna duda- al deterioro de la salud en general y al aumento de la obesidad y sobrepeso en particular.

El consumo de pollo aumentó desde 10,9 kg en 1990 a 44,9 kg en el 2017. Quienes pintamos unas canas, recordaremos que un buen consejo en aquellos días era reemplazar nuestro históricamente excesivo consumo de carne vacuna por algo de pollo. Convengamos que en aquel entonces la vaca y el pollo, poco o mucho, pero caminaban, comían pasto y verdeo y, comparada con la actual, tenían una vida idílica. Con todo, era un excelente consejo: el pollo tiene menos grasa saturada, podemos desgrasarlo con facilidad y aporta una proteína mucho más limpia.

La idea era que los embutidos eran inadecuados para la salud, las carnes rojas como la de vaca o cerdo debían evitarse o moderarse y el pollo o el pescado eran la opción preferente; así el consumo de pollo aumentó mucho, llegando a triplicarse en los Estados Unidos donde llegó a ser la más elegida. Y digamos que, muy atrasados, pero las variables de consumo alimentario y sanitario en este país, son seguidas por los argentinos de manera casi calcada.

El punto es, que en aquel entonces los pollos comenzaron a ponerse gordos y quienes los consumían también; de aquella carne magra que nos aportaba esta noble ave, a los Frankensteins emplumados que la industria produce a costa de antibióticos, hacinamiento y reducción de costos, eso, ¡solo quedan las plumas!

De acuerdo a una investigación publicada en la revista Nutrition, se examinó el consumo de carne en adultos y se lo comparó a su IMC ; para ofrecer mejores garantías de los resultados, los investigadores crearon controles para otros factores como “edad, ingesta de energía basal total, ingesta de alcohol, consumo de verduras, consumo de frutas, consumo de cereales, nivel de actividad física, fumar, nivel educativo, y hábitos dietéticos en los últimos 5 años”, de tal modo la principal diferencia entre los sujetos del estudio fuera en las clases y cantidades de carnes que consumían. ¿Cuál fue el resultado? El consumo de pollo estaba más fuertemente asociado con ganancia de peso tanto en los hombres como en las mujeres.

De manera sorprendente, esto ocurría aún cuando la cantidad de pollo consumida era mínima. Al comparar con las personas que no consumían pollo, las personas que comían 20 o más gramos de pollo al día tenían IMC significativamente mayores; es decir, el impacto de un equivalente a media pechuga a la semana realmente nos puede hacer engordar. ¡Esto no se explica por las calorías! Al menos, no totalmente. ¿Será que los pollos Frankenstein tienen algo que ver? ¿O que el hecho que cuando decimos pollo también decimos un montón de presentaciones industrializadas que le restan aún más valor y le agregan tóxicos que desequilibran el metabolismo?

Desde los primeros pasos en la crianza de pollos en Estados Unidos a finales del siglo XIX hasta la fecha, la transformación de estos animales para consumo humano ha sido impresionante. En la década de 1920 y 1930 empezó a crecer mucho la explotación de granjas especializadas en la producción avícola y poco a poco se fue acelerando una carrera genética en una búsqueda voraz para obtener aves de mayor peso en menor tiempo y con menos requerimientos de alimentos por kilo de carne producido. Es decir, si aún comes carne de pollo, nadie en la industria se está preocupando por la calidad nutritiva de lo que te llevarás a la boca, sino de la cantidad producida con crecientes niveles de eficiencia especulativa que solo mide el costo-beneficio económico directo.

Uno de esos pollos es el conocido como pollo “Broiler”, el más utilizado en la industria por tener una tasa de crecimiento muy rápida, una excelente transformación del pienso en carne (índice de conversión) y una carne blanca que se presenta como tierna, pobre en grasa y de muy fácil digestión. Una conocida granja industrial argentina lo describe como “un animal muy pacífico, sociable y sedentario”. ¡Cómo si el pobre animal tuviera la oportunidad de rebelarse en las jaulas donde se lo cría en un hacinamiento brutal y una convivencia que es insoportable pero no tienen opción de moverse para matarse a picotazos!

De acuerdo a la información proporcionada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y obtenidos de la Agencia de Estándares de Alimentos y el Instituto de Química Cerebral y Nutrición Humana, “una porción de pollo de 100 gramos en 1896 contenía 16.2 calorías de grasa y 91.2 calorías de proteína para dar un total 107 calorías. Casi cien años después, en el 2004, la misma porción de 100 gramos de pollo contiene más de 205 calorías de grasa y aproximadamente 65 calorías de proteína para dar un total de 273 calorías”.

Es decir, solo 100 años hemos logrado que el animal sufra una transformación que la evolución natural -si concibiéramos una en el sentido de esta aberración-, el contenido de grasa en el pollo subió más de diez veces mientras que el contenido de proteína bajó un tercio; así mismo, el contenido general de calorías en el pollo hoy en día es casi tres veces mayor de lo que era hace cien años. Pues entonces, aquello de cambiar la carne roja por carne de pollo, quizá ya no sea una buena opción y la pregunta debería ser, no qué tipo de carne, sino cual es la procedencia de la carne.

Insisto, como muchas veces lo hago, que soy partidario de vegetarianizar la dieta y, si no es que nos regimos por alguno de los patrones vegetarianos, al menos mantener el consumo de carnes en mínimos; en cualquiera de las tres opciones se puede llevar una dieta saludable. Así mismo, es vital velar por el origen de los alimentos, mucho más en el caso de aquellos de origen animal, y aún más en el caso del pollo y los huevos.

Jonathan Ewald, periodista del portal Life + Health (http://www.lifeandhealth.org) relata que, de acuerdo a la investigación publicada en Nutrition antes mencionado, que “en lo que concierne a los pollos, los autores del estudio hicieron una pregunta fascinante; «¿Será que comer obesidad causa obesidad?». De acuerdo al Doctor Michael Greger, un doctor especialista en nutrición clínica citado por el mismo reportero en su artículo “Los pollos y obesidad”, afirma que «el cóctel de selección de genes para ganancia de peso rápida, la falta de ejercicio y la disponibilidad de comida de alta energía las 24 horas del día, son una receta sencilla y bien conocida para crear obesidad en esas aves”

Otro punto a considerar es que el pollo, alguna vez considerado una buena fuente de ácidos grasos de Omega 3, hoy tiene una relación entre los ácidos grasos Omega 6 y 3 de 9: 1; nuestra dieta occidental refinada e industrializada, se ha excedido en la oferta de ácidos grasos Omega 6 y ha provocado un desequilibrio entre los ácidos grasos Omega 6 y 3 que contribuye a que tengamos predisposición a mayores proporciones de enfermedades autoinmunes, alergias, cáncer, inmunidad deprimida o procesos inflamatorios.

Demás está decir que los animales criados y producidos en estas condiciones que han deteriorado, como hemos visto, su valor nutricional, además de ser obesos, desarrollan una altísima predisposición a padecer todo tipo de enfermedades, entre las que se citan:

  • Disfunción cardiovascular- lo cual lleva a fallo cardíaco o síndrome de muerte súbita.
  • Disfunción esqueletal- que conduce a dolor al caminar y cojera (debido al crecimiento rápido y la falta de espacio para hacer ejercicio)
  • Dermatitis de contacto- erupciones causadas cuando los pollos son forzados a yacer sobre su propio excremento por semanas donde hay concentraciones altas de amoniaco
  • Falta de espacio para moverse, falta de luz natural y mala calidad de aire
  • Anormalidades oculares (tales como glaucoma aviar)
  • Manejo rudo y transporte que a menudo lleva a lesión o muerte de algunas aves

Ante este escenario, las opciones no son muchas si desean cuidar y mejorar tu salud:

  • Elimine el pollo y los huevos industrializados; busca tus lípidos y proteínas en frutos secos, legumbres o algas, que con el complemento de las frutas, las verduras y los granos integrales estará bien cubierto.
  • Reduzca la cantidad de pollo, huevos y otros productos de origen animal, limitando su consumo moderado a aquellos que sean de producción orgánica y de pastoreo.

Verdad de hierro: la carne de pollo, al menos la industrializada, ha resultado ser la peor en cuanto a la asociación entre su consumo y la predisposición al sobrepeso y la obesidad.

Si le quedan ganas de comer pollo y un día de estos lo invitan a hacerlo, la pregunta es: ¿qué pollo?

Pablo de la Iglesia

Publicado el

FIBROMIALGIA, su tratamiento natural

Una lectora nos pregunta sobre los posibles tratamientos para la FIBROMIALGIA:

Recientemente mi hija ha sido diagnosticada de fibromialgia, no sabemos bien de que se trata y estamos angustiados. ¿Nos puede ayudar la Nutrición Ortomolecular o la Medicina Natural? Ana, 57 años, Buenos Aires.

La fibromialgia es una enfermedad que suele manifestarse con dolor, agotamiento, rigidez del cuerpo, trastornos del sueño, malestar abdominal, entre otros síntomas que pueden generar invalidez variable.

La nutrición ortomolecular y la medicina natural puede complementar el tratamiento con muchos recursos e incluso muchas personas obtienen excelentes resultados utilizando únicamente terapias naturales; compartimos los que, a mi criterio, son los tres más importantes:

Magnesio: un estudio clínico verificó que la administración de 600 mg de magnesio al día produce una gran mejoría en los puntos de dolor y en la fatiga; incluso, con seguimiento profesional, parece que dosis mayores son más efectivas.

El magnesio es fundamental para el correcto funcionamiento de muchas de las enzimas que movilizan el ciclo de Krebs y la glucólisis que crean ATP (un compuesto químico de nucleótidos en los organismos vivos que libera la energía para las reacciones celulares) y transforman el azúcar en energía. Diversas investigaciones han encontrado bajos niveles de ATP en las personas diagnosticadas con fibromialgia, lo cual califica al magnesio como mínimo como un factor coadyuvante (aunque la simple experiencia de su consumo durante algunos días convencerá al más escéptico de su importancia central).

Por sencillez y economía, mi primera opción sigue siendo el cloruro de magnesio que usaban nuestros abuelos y se suministra libremente en farmacias y dietéticas.

Acido Málico: cuando tengo oportunidad, a todas las personas que padecen esta enfermedad les recomiendo una o dos manzanas verdes al día. ¿Por qué? El ácido málico está involucrado en la producción de energía y ayuda a depurar el hígado; su uso ha demostrado ser de gran importancia para mejorar la fibromialgia. Las uvas, las cerezas, el membrillo y otras frutas de sabor ácido, especialmente cuando no están maduras, suman buenas fuentes de ácido málico; también se expende en comprimidos o en polvo y su consumo debe ajustarse a la recomendación -como referencia, suelen indicarse unos 800 mg al día durante una comida-.

El ácido málico también es muy importante para la eficiencia metabólica y la producción de energía del organismo por su rol en el ciclo de Krebs, favoreciendo las reacciones que ayudan a las células producir energía de los alimentos. Otro efecto que puede ser de ayuda para quienes padecen fibromialgia es que el ácido málico también brinda mayor capacidad de recuperación tras el ejercicio o la rehabilitación dado que contrarresta la acumulación de ácido láctico.

Omega 3: por su versatilidad, es uno de mis complementos preferidos. Puede ingerirse en cápsulas de aceite de pescado, chía o lino; salvo cuando se practica un vegetarianismo estricto, las primeras son la alternativa más potente.

Los estudios han demostrado que su consumo posibilita una mejoría que se manifiesta en la disminución del dolor en las zonas sensibles, reduce la tensión muscular y el grado de fatiga; en mi experiencia, los resultados se ven en pocas semanas habitualmente, aunque se recomienda esperar seis meses antes de concluir su efectividad o no. Lo ideal en estos casos es diseñar estrategias de administración prolongada.

Recomendados de referencia

Considerando que entre el 40 y el 70% de las personas con fibromialgia, es vital también mejorar la salud intestinal; en este sentido el libro GAPS, el síndrome psico-intestinal es una de las mejores lecturas para orientarnos.

Por supuesto, una alimentación saludable que aporte variedad de nutrientes sin los habituales excesos de carga tóxica, es fundamental; en ese sentido, el libro «Puesta a Punto» (Urano) es una excelente guía que sobre todo se adapta a quienes optan por un estilo de vida vegano.

 

Pablo de la Iglesia