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Bases de una saludable alimentación infantil

Realmente, las bases de una buena alimentación infantil no difieren de los principios que aplicamos a cualquier individuo sano y a cualquier edad; en este caso tal vez la importancia mayúscula radique en conocer mejor los tiempos del bebé, el orden de incorporación de los alimentos, las cantidades y, sobre todo, lidiar con las creencias, condicionamientos y mandatos sociales y sanitarios que crean confusión, desasosiego e incluso cierto grado de rechazo al excesivo intervencionismo que la medicina hace sobre la vida de una criatura. No se trata aquí de polarizar posturas, sino de abrirnos a todas las posibilidades, conocerlas lo mejor posible y decidir en función de las necesidades que se nos presentan en cada situación única e irrepetible.

También hay que desdramatizar un montón de cuestiones en torno a la alimentación del bebé la cual durante unos meses se reduce a teta, teta y teta. Después, durante unos cuantos meses más la teoría tampoco es muy complicada: teta, teta, teta y alimentos sanos -frutas, verduras, cereales, legumbres, semillas y frutos secos-; las cantidades, el orden y los tiempos es un tema de segunda importancia, la prioridad pasa por incorporarlos poco a poco sin apurar al bebé y sin obsesionarse con acelerar la maduración digestiva, buscando la sencillez, evitando combinaciones complejas que no favorecen la digestión y la asimilación nutritiva, la prudencia y la preferencia absoluta por los alimentos integrales y ecológicos.

Y por supuesto, si hay un momento en el que no debemos darles nada de azúcar refinada, harina blanca, lácteos o alguna presentación comestible industrializada, es en la infancia; cuanto más tiempo posterguemos que el bebé o el niño prueben estos productos, mucho mejor. ¡Ojalá que ese tiempo llegue a los 120 años!

Siguiendo estos principios, un bebé o un niño ya estará mucho mejor alimentado que la amplia mayoría, luego, todo el resto de los conocimientos es para sintonizar muy fino y hacer una diferencia que nos acerque a lo óptimo.

Pablo de la iglesia

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B12, veganos, spirulina

Spirulina para veganos

La vitamina B12 (o cobalamina) es la vitamina cuya obtención más ocupa a quienes realizan dietas veganas puesto que es complicado encontrarla en alimentos de origen vegetal; sin embargo la spirulina es una excelente fuente de B12.

Polarizaciones absurdas en torno a la spirulina

En algún momento se ha cuestionado su biodisponibilidad en el ser humano dada la existencia de una molécula análoga a la B12 que interfiere en los valores de análisis; sin embargo, los estudios científicos específicos han determinado la presencia de al menos 20 a 40% de la B12 biodisponible para el ser humano sobre el total de las moléculas de la familia de la B12 presentes en la spirulina.

El asunto está resuelto y con tan solo uno o dos gramos de spirulina se cubren las necesidades de la misma. En todo caso, yo no hilaría tan finito y agregaría uno o dos gramos más para andar con seguridad. 

Como vemos, no hay verdad en los extremos y, como casi todo en la ciencia de la nutrición, no se trata de todo o nada.

Otras fuentes de pequeñas dosis de B12

Agreguemos que, aún en las dietas más estrictamente veganas, hay otras fuentes potenciales de B12 tales como el miso, la salsa de soja, algunas setas como el shiitake y la melena de león, las conservas vegetales fermentadas con ácido láctico, algunos vegetales como el brócoli o los espárragos o la levadura de cerveza dietética; amén de un intestino saludable luego de una dieta vegana bien hecha, que empezará a producir pequeñas cantidades de la vitamina.

¡Ojo! Dije dieta vegana saludable, o sea naturista; el veganismo supermercadista que es altamente tolerante con los ultraprocesados es una cultura para el desastre total. ¿Se entiende, verdad?

En cualquier caso, algunas personas que han veganizado la dieta están dispuestas a aceptar sin ningún conflicto el consumo de dos o tres huevos a la semana o incluso una cucharada diaria de polen; esto ayudará a cubrir toda la necesidad de B12 y es un refuerzo muy importante que brinda un margen de seguridad.

Eso si, enfatizo que, si vamos a comer huevo para aprovechar sus valiosas propiedades sin adquirir las consecuencias negativas de los excesos típicos, estos tienen que ser de producción orgánica proveniente de gallinas de pastoreo; caso contrario recomiendo evitarlos, fortalecer la estrategia anterior y, eventualmente si necesitamos hacerlo para nuestra tranquilidad, consumir un complemento de B12 de buena calidad, aumentar la cantidad de spirulina o ambas.

Suplementos de B12

¿Y porqué no lo solucionamos fácilmente con un suplemento? No tengo ningún problema con los suplementos de síntesis, de hecho tengo unos cuantos sobre mi escritorio y los tomo gustosos como complementos de mi estilo de vida saludable o con fines terapéuticos.

El punto es, que si a priori aceptamos que es imposible obtener B12 de fuentes vegetales naturales, debo asumir que el veganismo estricto no es un estilo de alimentación para el que nos haya preparado la evolución. A esto agrego que el conocimiento que tenemos es limitado, seguramente hay algunos otros aspectos que tenemos descubiertos y ponemos en riesgo nuestra salud.

Por supuesto, no tengo respuesta definitiva y cada uno debe elegir donde pararse en función de la información. Yo he sido vegano muchos años y me ha ido bien tomando altas dosis de spirulina; he sido vegetariano y me ha ido muy bien también; y hoy tengo un estilo de alimentación consciente que procura hacer lo mejor posible con los alimentos disponibles y me sigue yendo bien. No creo que haya una forma mejor o peor, cada enfoque tiene puntos fuertes y puntos débiles, pero en todos se puede elaborar un programa saludable.

Es decir, el de la B12 y los veganos es un tema que amerita cierta atención pero de ninguna manera el dramatismo habitual que algunos sectores de la vieja guardia sanitaria intentan promover con viejas supersticiones que solo conducen al miedo y la parálisis. ¡Tranquilos!

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