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¡Elimina el azúcar blanco de tu alacena!

¡Elimina el AZÚCAR de tu alacena!

Hay varios usos para el azúcar, definitivamente como alimento debería ser descartado, a lo sumo pequeñas cantidades de azúcar tipo mascabo o integral.

Puedes darle otros usos

El azúcar puede utilizarse para matar las bacterias que causan dolor en las heridas, cortaduras, o úlceras rociando un poco por encima y dejar que haga efecto.

Para limpiar las manos percudidas con grasa, aceites o tintes (los mecánicos, los imprenteros, los pintores…, sólo hay que añadir un poco de azúcar y lavar con el jabón de siempre para que se convierta en un abrasivo.

Mezclando tres cucharadas de azúcar con dos de vinagre y un cuarto litro de agua tibia, regamos en la tierra alrededor de las plantas y la fórmula alimentará los tallos y el vinagre evitará que se desarrollen las bacterias…

En fin, hay decenas de usos interesantes para el azúcar, pero te haces un gran favor si sacas el azúcar blanco de la alacena y dejas únicamente, y de manera opcional, el mascabo o la miel para ocasiones especiales y en cantidades pequeñas.

Una amarga realidad

Sin lugar a dudas, el azúcar es un combustible universal de alta potencia, y detrás de ese saber se escudan muchos consejos que sostienen la recomendación de su mantenimiento en la dieta.

El punto es que el azúcar es “gasolina sucia”, a diferencia de otros carbohidratos más equilibrados, esta no aporta los nutrientes adicionales -vitaminas, minerales, fibra, enzimas- que facilitan su metabolismo.

Es importante comprender y comunicar con claridad, que de ninguna manera y en ninguna circunstancia el azúcar blanco refinado es necesario para nuestra salud, en todo caso podríamos aceptarlo como un aditivo ocasional que simplemente es consumido por gusto.

Alternativas saludables al azúcar

Las fuentes naturales de carbohidratos simples y compuestos en sus variedades frescas, vivas e integrales -tales como las frutas, las verduras, los cereales integrales y las legumbres- nos aportarán una carga energética equilibrada, con todos sus cofactores nutricionales.

De esta manera obtenemos todo el combustible que nuestro cuerpo necesita para llevar adelante un adecuado funcionamiento sin necesidad de recurrir a calorías vacías que acidifican nuestros tejidos, les restan oxigenación y nos predisponen a padecer parásitos, cándidas e infecciones.

El azúcar te enferma

Sabemos que el consumo de azúcar, en especial el refinado y su exceso, se vincula directamente con la obesidad y el sobrepeso, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares…

Estos trastornos de la salud son epidémicos hoy en día y no podemos negar la enorme cantidad de muertes prematuras, discapacidades y gastos sanitarios desbordados que ocasionan; sin embargo la responsabilidad de este alimento va mucho más allá y con frecuencia permanece en la mesa de personas que bien harían en poner su consumo bajo control.

No lo dudes: ¡elimina el azúcar blanco de tu alacena!

Pablo de la Iglesia

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Magnesio, durante el embarazo

El consumo de dosis adecuadas de magnesio es esencial para tener un embarazo saludable y sin complicaciones; la generación y reparación de los tejidos, el cuidado del sistema nervioso, la adecuada circulación o la salud del corazón, dependen en gran medida de él. La respuesta óptima de los músculos depende de la presencia equilibrada de calcio y magnesio (el primero facilita su contracción y el segundo su relajación); esta dupla también es importante para sostener la fortaleza ósea, dental y de las uñas.

Las carencia de magnesio se ha relacionado a mayor riesgo de preeclampsia, eclampsia, mortalidad infantil y malformaciones congénitas. Uno de los tratamientos médicos para la eclampsia es el sulfato de magnesio por vía endovenosa, sin embargo nuestro propósito es prevenirla con una adecuada alimentación cuidada para que sea alta en magnesio y, si es necesario, un complemento que lo contenga.

Sabemos que hay mayor riesgo de diabetes y alteraciones en la glucemia cuando el magnesio es insuficiente; el manejo de los carbohidratos y el equilibrio en la glucemia es un tema a atender durante el embarazo.

Algunos de los alimentos más ricos en magnesio son las nueces, avellanas, almendras, castañas, semillas de girasol, palta, damascos, duraznos, melón, soja, cacao, cereales integrales, zanahoria, remolacha, espinaca, legumbres y mariscos; si nos aseguramos una alimentación con buena presencia de estos alimentos difícilmente tendremos una carencia. Para hacernos una idea, una porción de arroz aporta unos 50mg, 30g de almendras aportan 90mg.

Sin embargo, si notamos síntomas como arritmia, espasmos, temblor, convulsiones, irritabilidad, calambres, trombosis, astenia, depresión, agitación, confusión, irritabilidad, inquietud, vértigos o desorientación, es probable que un suplemento sea necesario y para lo cual debemos consultar a un especialista.

La dosis recomendada durante el embarazo es de 400mg. diarios, es decir 40 a 100mg. adicionales a lo habitualmente sugerido para las mujeres ( 300 a 360mg.). El magnesio es un regulador intestinal que puede ocasionar diarrea temporal; en este caso lo habitual es suspender o reducir la dosis hasta consultar el especialista, si embargo el efecto más común es aliviar el estreñimiento habitual que padecen las embarazadas.(1)

Pablo de la Iglesia

1- Aportes nutricionales recomendados para la población francesa. Agencia francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos. 3ª edición, Ed. Tec & Doc.

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¿Todos los HUEVOS son iguales?

¿Todos los huevos son iguales?

¿Son los huevos un alimento saludable? ¿Cuántos podemos comer? ¿Son todos iguales?

Además de no contener pesticidas ni OGMs, los alimentos orgánicos aportan más nutrientes. Si tomamos como ejemplo los tomates, los diferentes indicadores señalan que pueden tener unas cinco veces más calcio, incluso más de diez veces el aporte de magnesio y casi dos mil veces la cantidad de hierro -que en los convencionales puede ser casi inexistente-. En las lechugas el calcio puede multiplicarse más de cuatro veces, cifras similares para el magnesio y, al igual que en el ejemplo anterior, la diferencia de hierro es muy significativa llegando a ser unas cincuenta veces más.

¿Da lo mismo cualquier huevo?

En los alimentos de origen animal también ocurre lo mismo. Son notables las diferencias nutricionales entre un huevo puesto por una “gallina feliz” que corre por el campo, pololea con el gallo y come lo que le es natural y aquellas que están hacinadas en una jaula, nunca ven un gallo y se alimentan de un polvo balanceado.

Un estudio realizado en el 2007 verificó estos valores y encontraron que los huevos orgánicos tienen 1/3 menos colesterol y 1/4 menos de grasa saturada, así mismo tienen 2/3 más vitamina A, dos veces más ácidos grasos Omega 3, el triple de vitamina E y siete veces más betacaroteno. ¡Todo a favor de los huevos de “gallinas felices” de pastoreo! ¿Verdad?

Esta es la razón por la cual una investigación puede resultar en que el huevo reduce el colesterol y el otro lo eleva; la gran enseñanza de este tiempo -y esto se aplica a todos los alimentos- es que antes de elegir lo que comemos tenemos que observar como se produce lo que comemos. La buena noticia para los amantes del huevo es que si se ocupan de conseguir aquellos que son de producción agroecológica y están dispuestos a pagar un poquito más por ellos, uno o dos al día es una medida aceptable.

Incluso cantidades menores, tanto como uno a tres por semana tal vez siga siendo válido, seguro y prudente, cantidades para quienes prefieren una alimentación basada en vegetales pero mantienen cierta flexibilidad por distintas razones. ¡Pero ahora si: libre de culpa y cargo! Tal vez, para los deportistas y quienes hacen alguna dieta especial, también esta cantidad pueda aumentarse.

Más propiedades

El huevo, junto con el suero de leche, constituyen la mejor fuente de proteína natural, si se considera su valor biológico y su utilización neta; el suero de leche es un alimento aislado, y si bien el huevo se dispone también como tal, soy partidario de utilizarlo en forma integral consumiéndolo a diario, ya sea cocido o pasado por agua.

Un beneficio bien estudiado del huevo es que comenzar el día consumiendo uno o dos, nos ayuda a comer menos y controlar la ansiedad durante el resto del día, siendo ideal para incorporarlo en las estrategias para bajar de peso; esto se debe a su valioso aporte de proteínas y grasas saludables en ausencia de carbohidratos.

Es importante señalar que el huevo es un alimento bajo en calorías; aunque este tema no es de mayor importancia en los enfoques de alimentación saludable, digamos que aporta en torno a las 80 calorías por huevo.

Como ya observamos, es un alimento que aporta densidad de micronutrientes. Destacan las vitaminas A, D, K, B2, B5 y B12; entre los minerales señalamos hierro, fósforo, potasio, selenio.

Luego, resaltamos el aporte de vitaminoides como la colina y valiosos carotenoides como la luteína y la zeaxantina. La colina es un micronutriente esencial para la salud del sistema nervioso y el consumo medio está muy por debajo de las necesidades óptimas; la luteína y la zeaxantina son antioxidantes y protectores de la salud visual.

Tan solo ten presente que para aprovechar realmente todos los beneficios del huevo, estos deben ser de calidad, provenientes de gallinas de pastoreo y alimentadas en forma natural; pagar un poco mas por ellos y la dedicación que emplees para conseguirlos, realmente es una inversión que rendirá sus frutos a mediano y largo plazo.

Lo importante: el balance de la ecuación

Y un punto importante en el que no me canso de machacar: la salud no depende de un huevo más o un huevo menos, sino de la calidad, la variedad y el equilibrio. Uno, dos o tres huevos al día es una cantidad segura para la gran mayoría de nosotros; incluso hay estudios que analizan el consumo de cuatro a seis, pero personalmente me inclino a la moderación y la prudencia, recomendando que esto sea analizado caso por caso con un profesional de la salud.

Lo hemos repetido hasta el cansancio: la columna vertebral de una buena alimentación depende del consumo de alimentos frescos, vivos e integrales focalizando en un eje que enfatice en una masa crítica de frutas, verduras y semillas y se complemente con cantidades más moderadas de cereales y legumbres. Luego, mencionamos los alimentos de origen animal que, según la dieta y estilo de vida, su consumo puede ser opcional o más limitado. De esta manera nos estaremos manejando dentro de un rango de seguridad importante, que ha demostrado ser protector de la mayoría de las enfermedades -en particular de las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes- y nos permite vivir con una actitud de apertura expectante para seguir mejorando nuestra alimentación con aquellos saberes nuevos pero que se han sostenido durante bastante más de lo que dura la novedad.

Por último, siguiendo la línea de pensamiento aquí esbozada, convengamos que no es lo mismo comer una ensalada de vegetales frescos, un huevo de pastoreo picadito y condimentada con sal marina y aceite de oliva virgen, que unas galletitas elaboradas con harina refinada, azúcar blanca, sal común, aceites de mala calidad y huevos deshidratados que en el proceso su colesterol se ha oxidado y se depositará con facilidad en las arterias. ¡Si logramos comprender la diferencia, habremos dado un gran paso a la hora de mejorar nuestra capacidad de elegir los alimentos que día a día nos ayudarán a crear salud!

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La importancia de los alimentos biológicos

La filosofía que moviliza la producción biológica, orgánica o ecológica de alimentos implica evitar recurrir al uso de sustancias químicas tales como pesticidas, herbicidas, plaguicidas u antibióticos que pueden resultar tóxicos y, en su lugar, recurrir a sustancias naturales con ese propósito.

También es importante el diseño de los espacios productivos procurando conservar la biodiversidad y evitando esa especialización productiva que uniforma los paisajes predisponiéndolos a la pérdida de sus equilibrios naturales y controles espontáneos; en la naturaleza, cuando hay diversidad, cada especie tiene su predador o un límite natural, en cambio, cuando predominan los monocultivos, una plaga puede volverse dominante con facilidad y es necesario controlarla con sustancias tóxicas que, de una u otra manera, se incorporan a las cadenas tróficas y terminan en nuestro plato.

Otro aspecto a resaltar es que la agricultura biológica evita el uso de organismos modificados genéticamente (OGMs), más conocidos como transgénicos y en torno a los cuales se abren intensos debates en la comunidad científica; lo cierto es que, a la inversa de lo que era su promesa inicial, estos conllevan un mayor uso de sustancias tóxicas, exigen cultivos intensivos que han provocado desmontes desproporcionados y su consumo se ha visto asociado a alergias, trastornos inmunitarios y es potencialmente cancerígeno.

Además de no contener pesticidas ni OGMs, los alimentos orgánicos aportan más nutrientes. Si tomamos como ejemplo los tomates, los diferentes indicadores señalan que pueden tener unas cinco veces más calcio, incluso más de diez veces el aporte de magnesio y casi dos mil veces la cantidad de hierro -que en los convencionales puede ser casi inexistente-. En las lechugas el calcio puede multiplicarse más de cuatro veces, cifras similares para el magnesio y, al igual que en el ejemplo anterior, la diferencia de hierro es muy significativa llegando a ser unas cincuenta veces más.

En los alimentos de origen animal también ocurre lo mismo. Son notables las diferencias nutricionales entre un huevo puesto por una “gallina feliz” que corre por el campo, pololea con el gallo y come lo que le es natural y aquellas que están hacinadas en una jaula, nunca ven un gallo y se alimentan de un polvo balanceado. Un estudio realizado en el 2007 verificó estos valores y encontraron que los huevos orgánicos tienen 1/3 menos colesterol y 1/4 menos de grasa saturada, así mismo tienen 2/3 más vitamina A, dos veces más ácidos grasos Omega 3, el triple de vitamina E y siete veces más betacaroteno. ¡Todo a favor de los huevos de “gallinas felices”!!

En cualquier caso, a medida que nos alejamos de la producción biológica de alimentos, el medio ambiente se resiente y, por sobre todas las cosas, nuestra salud y bienestar depende de la integridad de la naturaleza, del aire puro, del agua limpia y de los suelos vivos, ¡nuestros alimentos primarios!; si esto no ocurre, todas nuestras buenas intenciones perderán fuerza como una semilla que no alcanza su potencial en una tierra que no es fértil. Lo que es bueno para nosotros, es bueno para la tierra y lo que es bueno para la tierra, es bueno para nosotros; esta es una lógica consistente que emerge con contundencia de la observación de la naturaleza y que debería ser la guía para la construcción de una civilización basada en el cuidado.

Y realmente no es tan complicado volver a una alimentación biológica, al menos en alguna medida, aunque en el mundo de hoy, confundidos en una Babel de conocimientos, nos olvidamos que esto es lo que simplemente nuestros abuelos llamaban comida. Y si a ello le sumamos nuestra mayor voluntad de volver un poco más a la cocina como en aquellos tiempos, mucho mejor.

No hay un solo enfoque en la medicina natural para promover la salud o hacerle frente a la enfermedad. Incluso entre ellos hay contradicciones notables que muchos lectores siempre me harán notar y son un estímulo para seguir investigando potencialidades, sin embargo, lo que debemos comprender por sobre todas las cosas, que el secreto detrás de todos los secretos, es vivir en un equilibrio con la naturaleza. Debemos volvernos observadores y, en función de nuestro escenario, aspiraciones y posibilidades, ir tomando decisiones acordes a este objetivo; hay patrones comunes que son inapelables y hay otros aspectos del guión cuyos factores y proporciones pueden reordenarse. Pero siento que el mayor esfuerzo por elegir alimentos biológicos, impulsar su producción y consumo, constituye una visión orientadora en el corazón de una estrategia de salud para nosotros, para la sociedad y para el planeta.

Hoy que hablamos tanto de ALIMENTACIÓN CONSCIENTE, para profundizar en ese camino podemos remitirnos a una enseñanza de George Ohsawa que invitaba a los practicantes de la alimentación macrobiótica a hacer el ejercicio reflexivo de discernir en cada caso por qué se come: ¿Para crecer? ¿Por placer? ¿Para curarse? ¿Para evolucionar espiritualmente?… En este camino hacia la alimentación consciente, lo más importante no es si somos veganos o higienistas, si comemos carne o no lo hacemos, sino que nuestras elecciones sean permanentemente reflexivas y que nos permitan ir tomando decisiones para que cada uno de nuestros alimentos y hábitos de vida sean una contribución que aporte un granito de arena para mejorar nuestra salud y que sumen para crear un mundo mejor.

CONSCIENTE es estar lúcido para darnos cuenta que una buena respuesta no necesariamente lo es siempre o en diferentes escenarios; es una forma de estar vivos, de poder trascender el condicionamiento y la creencia que nos cristaliza. Y tomar decisiones en virtud de la verdadera inteligencia que nace de un estado de comunión y sensibilidad con la vida. Optar por alimentos biológicos siempre que nos sea posible, producirlos aunque sea en una maceta, un balcón o un pequeño patio, o tener disposición a pagar un poquito más para cuidarnos y premiar al que lo produjo con una cuota de respeto adicional, es una forma práctica de abrirnos a este estado que nos guiará naturalmente al despertar de la consciencia a través de la alimentación. En el mundo de hoy no es fácil alcanzar este objetivo de manera plena, lo realmente importante es que, desde donde estemos, demos un pasito en la dirección correcta; porque realmente, para que este cambio sea posible de manera profunda, este es el mejor ejemplo que la transformación es un camino que debemos ir transitando todos juntos.

Consejos para no desanimarse

No se trata de abordar la cuestión en términos de “esto o lo otro” o de “todo o nada”, tal vez el camino viable para la mayoría de nosotros es ir dando pasos pequeños pero firmes en la dirección correcta. A veces, en un almacén naturista, podremos acceder a un producto orgánico; otras veces lo buscaremos y no lo hallaremos o nos desalentará su precio, pero no demos por supuesta esa creencia que dice que “lo orgánico siempre es más caro” y permanezcamos atentos a las oportunidades.

Algunas aromáticas las podemos plantar en macetas; por ejemplo, menta, perejil o melisa no necesitan mucho sol e incluso las podemos producir en la cocina. Otras como albahaca, ajo, anís, comino, hinojo, orégano, tomillo o romero, requieren más sol y será mejor tenerlas afuera, en el balcón si vivimos en un departamento o sobre ventanas muy soleadas.

Pimiento, ajo, tomate, rúcula o lechuga son ejemplos muy buenos de hortalizas cuya producción podemos abordar en pequeños espacios y hacer una gran diferencia en nuestras vidas.

No importa si es mucho o es poco, importa que nuestro cuerpo vuelva a tomar contacto con alimentos vitales y, especialmente si vivimos en departamentos y grandes ciudades, que retomemos el contacto con la tierra y el proceso vital que hay detrás de la reproducción y el crecimiento de una plantita que luego será nuestro alimento. Esto hará una diferencia en el crecimiento interior de todos los miembros de la familia si los involucramos en su cuidado y tengamos presente que es una parte del camino que es esencial que experimenten todos los niños.

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Espirulina, B12, veganos

Espirulina para veganos

¿Es la espirulina una buena fuente de B12?

La vitamina B12 (o cobalamina) es la vitamina cuya obtención más ocupa a quienes realizan dietas veganas puesto que es complicado encontrarla en alimentos de origen vegetal.

Sin embargo la espirulina es una excelente fuente de B12 y va muy bien con este estilo de vida.

Polarizaciones absurdas en torno a la espirulina

En algún momento se ha cuestionado su biodisponibilidad en el ser humano dada la existencia de una molécula análoga a la B12 que interfiere en los valores de análisis y esta presente en esta microalga.

Sin embargo, los estudios científicos específicos han determinado la presencia de al menos 20 a 40% de la B12 biodisponible para el ser humano sobre el total de las moléculas de la familia de la B12 presentes en la espirulina.

El asunto está resuelto y con tan solo uno o dos gramos de espirulina se cubren las necesidades de la misma.

En todo caso, no es necesario hilar tan finito y podemos agregar uno o dos gramos más para mayor seguridad; al menos durante algunas semanas en varios periodos de choque suplementario.

Como vemos, no hay verdad en los extremos y, como es frecuente en la ciencia de la nutrición, no se trata de todo o nada.

Otras fuentes de pequeñas dosis de B12

Agreguemos que, aún en las dietas más estrictamente veganas, hay otras fuentes potenciales de B12.

Citamos el miso, la salsa de soja, algunas setas como el shiitake y la melena de león, las conservas vegetales fermentadas con ácido láctico como el chucrut o el kimchi, algunas variedades de levadura dietética o el alga chlorella.

Amén de un intestino saludable, por supuesto, que luego de una dieta vegana bien hecha durante un tiempo, empezará a producir pequeñas cantidades de la vitamina.

¡Ojo! Siempre hablamos de una dieta vegana saludable, o sea naturista; el veganismo supermercadista que es altamente tolerante con los ultraprocesados es una cultura para el desastre total. ¿Se entiende, verdad?

La confusión vegana

En cualquier caso, algunas personas que han vegetarianizado la dieta están dispuestas a aceptar sin ningún conflicto el consumo de dos o tres huevos a la semana o incluso una cucharada diaria de polen; esto ayudará a cubrir toda la necesidad de B12 y es un refuerzo muy importante que brinda un margen de seguridad.

Eso si, enfatizo que, si vamos a comer huevo para aprovechar sus valiosas propiedades sin adquirir las consecuencias negativas de los excesos típicos, estos tienen que ser de producción orgánica proveniente de gallinas de pastoreo.

Caso contrario recomiendo evitarlos, fortalecer la estrategia anterior y, eventualmente si necesitamos hacerlo para nuestra tranquilidad, consumir un complemento de B12 de buena calidad, aumentar la cantidad de espirulina o ambas.

Suplementos de B12

¿Y porqué no lo solucionamos fácilmente con un suplemento? No tengo ningún problema con los suplementos de síntesis, de hecho tengo unos cuantos sobre mi escritorio y los tomo gustoso como complementos de mi estilo de vida saludable o con fines terapéuticos.

El punto es, que si a priori aceptamos que es imposible obtener B12 de fuentes vegetales naturales, debemos asumir que el veganismo estricto no es un estilo de alimentación para el que nos haya preparado la evolución. ¡Pero definitivamente no es así!

A esto agrego que el conocimiento que tenemos es limitado, seguramente hay algunos otros aspectos que tenemos descubiertos y ponemos en riesgo nuestra salud. Mi premisa es que si la naturaleza no brinda un soporte integral de mínima, nuestro enfoque no es adecuado.

Por supuesto, no tengo respuesta definitiva y cada uno debe elegir donde pararse en función de la información.

Yo he sido vegano muchos años y me ha ido bien tomando altas dosis de espirulina; he sido vegetariano y me ha ido muy bien también; y hoy tengo un estilo de alimentación consciente que procura hacer lo mejor posible con los alimentos disponibles y me sigue yendo bien.

No creo que haya una forma mejor o peor, cada enfoque tiene puntos fuertes y puntos débiles, pero en todos se puede elaborar un programa saludable.

Es decir, el de la B12 y los veganos es un tema que amerita cierta atención pero de ninguna manera el dramatismo habitual que algunos sectores de la vieja guardia sanitaria intentan promover con viejas supersticiones que solo conducen al miedo y la parálisis. ¡Estemos tranquilos y elijamos alimentos reales con variedad dentro de nuestro estilo de vida!

Productos recomendados

Los siguientes productos son algunos de mis preferidos para el mercado europeo; en caso de no acceder a ellos por vivir en otras regiones, servirán de referencia para adquirir versiones locales en dietéticas.

  1. Espirulina ecológica en polvo Anastore
  2. Espirulina ecológica Anastore
  3. Espirulina ecológica premium Aldous Labs
  4. Espirulina orgánica en polvo My SuperFoods