Publicado el

Paternidad consciente y amor por uno mismo

“Cuenta una leyenda que en un pasado remoto los seres humanos éramos dioses. Pero abusamos tanto de nuestros privilegios, que la vida decidió retirarnos este poder y esconderlo hasta que realmente hubiéramos madurado.
El comité de eruditos de la vida sugirió enterrar el poder de la divinidad bajo tierra, en el fondo de los océanos, en la luna… La vida desechó todas estas opciones: “Veo que ignoráis hasta qué punto los seres humanos son tozudos. Explorarán, excavarán o gastarán una fortuna en naves para intentar conquistar el espacio hasta dar con el escondite”.
El comité de eruditos se quedó sin saber qué decir. “Según lo que afirmas, no hay lugar donde los seres humanos no vayan a mirar nunca”. Tras escuchar estas palabras, la vida tuvo una revelación. “¡Ya lo tengo! ¡Esconderemos el poder de la divinidad en lo más profundo de su corazón, pues es el único lugar donde a muy pocos se les ocurrirá buscar!”. (1)

Inteligencia espiritual

… el conocimiento y la razón son magníficas expresiones de la inteligencia; de ellas devienen la especulación, la comparación, el cálculo y otras formas de conocer la realidad, limitadas en muchos aspectos pero esenciales e insustituibles; la nuestra es una civilización que le brinda un gran protagonismo a esta expresión de la inteligencia.

Sin embargo, podemos reconocer al menos otros dos modos en que la misma puede operar y las definiremos como “inteligencia emocional” e “inteligencia espiritual”. Sin profundizar en el tema convengamos que la “inteligencia emocional” es aquella en la cual nuestros sentimientos pretenden iluminar la razón buscando la grandeza del espíritu, un intento consciente por recategorizar nuestra visión del mundo desde una perspectiva amorosa. La “inteligencia espiritual” no es aquella que buscamos sino que ocurre desbordándonos y de alguna manera guiándonos hacia la plenitud de nuestros potenciales.

Podríamos decir que la “inteligencia espiritual” viene a nosotros, también que hay determinadas plataformas que desde la razón y las emociones pueden mostrarnos un camino que nos acerque a ella. Seguramente el “amor” en cualquiera de sus potencialidades, es la mejor de todas. Y como el amor es el ingrediente principal e insustituible en la crianza de un bebé, ¡que maravillosa oportunidad para permitirnos que ilumine a todos y cada uno de los integrantes de la familia haciendo nuestro mejor intento por eliminarle los obstáculos que nuestros prejuicios y condicionamientos ponen en su camino.

Autoestima y paternidad

La periodista y coach Irene Orce afirma que “no hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma”(2). Todas las cualidades que hacen a una saludable paternidad -serenidad, compromiso, confianza, integridad- nacen fuertes si son fertilizadas por la autoestima.

¿Cuál es el deseo más sublime que suelen tener quienes son padres? ¡Qué su hijo sea feliz! No hay enseñanza más poderosa que serlo ellos mismos. ¿Estamos de acuerdo? Y sin lugar a dudas, trabajar el amor por uno mismo y el propio desarrollo personal es el mejor camino para lograrlo. La llegada de un hijo es el mejor refuerzo a la voluntad para emprender esta hermosa tarea, así como la mejor herramienta para luego inculcarle el ejemplo.

El amor como experiencia, hacia uno mismo, hacia alguien más, hacia una vocación o hacia lo que sea, cuando es incondicional, nos pone en el camino de una poderosa experiencia de transformación.

En los caminos de búsqueda espiritual, solemos encontrar una enseñanza común que nos dice que cuando el esfuerzo humano es completamente entregado, suele aparecer en nuestra ayuda la gracia divina; tal vez sea por eso que cuando vemos un deportista deslumbrándonos con su magia hagamos analogías con la divinidad y esto puede darse en cualquier área de la vida -un maestro, un científico, un artista…-: cuando damos lo mejor de nosotros mismos y buscamos la plenitud de la experiencia, es casi un hecho que la inteligencia que fluye a través de todo el universo venga a asistirnos y se exprese a través de cada uno de nosotros. Me gusta definirla como la experiencia divina a través nuestro; y cuando uno empieza a reconocer esta esencia, de alguna manera comenzamos a hacerlo en todas las cosas.

Y la pregunta que nos hacemos: ¿no es acaso la paternidad la mejor oportunidad para sumergirnos a un poderoso camino de transformación donde una perfecta sinergia entre el amor por alguien, por uno mismo y por la experiencia en si misma, nos permita entregarnos completamente al mejor desempeño de nuestros potenciales y permitir que la gracia divina nos asista para que se exprese a través nuestro? Y eso sería una buena idea de la paternidad como camino de crecimiento interior y desarrollo espiritual, el fluir de la vida evolucionando a través nuestro.

Pablo de la Iglesia

Curso PATERNIDAD CONSCIENTE

Si te ha gustado este artículo, con seguridad disfrutarás del curso
Paternidad Consciente a cargo de Pablo Martín y Pablo de la Iglesia

1- VILLASECA, Borja. Claves para amarse a uno mismo. http://bit.ly/2zWCATP El País (10/10) El País.
2- ORCE, Irene. http://www.ireneorce.com/

Publicado el

Coeherencia versus coherencia ciega

Coherencia vs coherencia ciega

Un desafío que puede presentarse en la vida, se da cuando una persona coherente tiene un conflicto entre seguir siéndolo aún en contra de sus intereses, o no hacerlo y adaptarse a una nueva respuesta que pone en cuestión los valores y creencias que edifican la coherencia de su identidad trabajada en el tiempo.

El individuo coherente actúa de acuerdo a sus principios y a sus valores, comportamiento que puede haberle dado muchas satisfacciones y fortalecerlo interiormente, hasta que un día estos entran en conflicto con un nuevo escenario.

Este escenario puede determinar que, hacer lo que siempre hemos hecho atenta contra intereses vitales o incluso, que aquellos valores y principios que tantas satisfacciones nos han dado, ya no son útiles para resolver la situación.

Un fuerte condicionamiento que tiende a hacerse cargo del programa de nuestra mente es la definición que dice que algo es bueno si conjuga con nuestros valores y es malo cuando eso no ocurre. Pero un día esta simetría pierde el equilibrio y nos paralizamos en un conflicto interior.

En este punto he encontrado que hay un patrón que nos puede ayudar a resolverlo: INTEGRIDAD.

En una rígida escala de valores, sabemos que decir la verdad está bien y mentir está mal… pero la realidad es que a veces ocurre lo contrario y si nos quedamos enredados en nuestros valores, creencias o condicionamientos rígidos, podemos perder la oportunidad de elegir por la acción correcta. ¿Comprendes la sutileza?

Intentaré explicarlo con una historia que alguna vez nos ha contado Ricardo Bravo, un querido amigo y maestro que impulsa sus enseñanzas a través de Vedic Flower:

Dos amigos de toda la vida fueron reclutados para ir a la guerra.

La misma se desenvolvió de manera cruenta, su país salió derrotado y casi todos los soldados murieron; ellos atravesaron ilesos el desafío casi hasta el final…

Sin embargo, pocos días antes del final, uno de ellos murió.

Con inmenso dolor, a su amigo se le encomendó la dura tarea de ir a llevarle la triste noticia a sus progenitores.

El primer encuentro fue con el padre. Infinitamente afligido, le pidió un último favor:

-Mi mujer está en su lecho de muerte y yo no tengo fuerzas para llevarle la noticia. ¿Podrías hacerlo por mí?

Efectivamente así lo hizo, y al acercarse, la madre de su amigo, prácticamente ciega y esperando su regreso para morir, le preguntó:

-Hijo mío, ¿eres tú?

Él le tomó la mano suavemente, acarició su pelo, le dio un beso en la frente y le respondió:

-Si madre, aquí estoy.

¿Comprendes como la integridad puede ayudarnos a resolver escenarios para los cuales nuestras creencias, valores e identidad a veces resultan ser insuficientes?

Esta no es una enseñanza para concluir y encadenar nuestros patrones de respuesta autómata, sino para abrirle las puertas a un modo reflexivo permanente cuya guía se encuentra en el corazón.

Pablo de la Iglesia
Mentor del Diplomado en
Coaching de Vida Saludable

Publicado el

Más de treinta años con esclerosis múltiple

Treinta años con esclerosis múltiple

Las personas con enfermedades graves van llegando a mi tras haber leído mis libros, por algo que han visto en Internet, pero mayormente por el boca a boca; con el paso de los años mi trabajo se ha vuelto muy conocido y algunos escuchan historias épicas de como he superado la esclerosis múltiple.

Tan conocido me he vuelto, que en los últimos años he buscado mil maneras de esconderme, de pasar desapercibido y, de alguna manera, de evitar mayor reconocimiento público que viene a golpear mi puerta una y otra vez; incluso, en varias ocasiones, he pasado por una persona verdaderamente antipática con tal de preservar mi intimidad y paz existencial.

Quién lee esto puede pensar que soy una persona muy jodida y bueno, no voy a ser yo quien lo niegue, pues a veces ha sido la mejor respuesta que he sabido disponer para preservarme. Recuerdo hace algunos años, yo era una persona muy social y carismática, claramente me daba cuenta que mucha gente inteligente y en buen proceso evolutivo deseaba acceder a mis charlas, a mis cursos, a una consulta, a pararse a conversar en la calle…

Y verdaderamente ejercer esta forma de atractivo en los demás cuando este residía -o reside- en mi capacidad de empoderar a la gente, es un don que se agradece; mucha energía positiva fluye a través de uno.

Pero también, estar siempre disponible para la gente, para los amigos o para la familia, puede ser agotador cuando tienes EM o cualquier enfermedad que afecte la energía. Porque sí, he sido exitoso lidiando con la EM, si lo planteamos en términos realistas, ¡pero tengo EM!

Generalmente, para sacar hay que poner algo

Y un mensaje que quiero transmitir en estas palabras es que a veces, para ser exitoso en un área de la vida hay que pagar un precio que disminuye nuestro haber en otras. No reniego de esto, y aunque siempre hay cosas que haría mejor con el diario del lunes, realmente uno no tiene mucho margen de maniobra. Disponemos un caudal de energía y lo tenemos que utilizar estableciendo prioridades; en mi caso, básicamente fue sobrevivir. Y he hecho de la supervivencia mi estilo y modo de vida, es por eso que tu me conoces, me reconoces y me estás leyendo: porque soy un referente en sobrevivir en condiciones adversas, resiliencia que le dicen.

Y lo he hecho tan bien que algunas personas aún piensan qué porque uno es exitoso en una asignatura, también es un elegido en la cual le llueven las bendiciones en todas las demás, tiene fuerzas para iluminar otros caminos y estar siempre disponible para derramar bienaventuranza a raudales. ¡Pues la verdad que no! Quienes han seguido realmente mi ejemplo, saben que se trata de esfuerzo y responsabilidad personal, ¡y a muchos les ha ido bien! ¡Muy bien! Otros, en la enfermedad, buscan un tema de conversación para darse importancia con su “pobre de mí”, y no quiero ser despectivo con este estado de desvalimiento que a veces es necesario pasar y superar con la ayuda de un coach, un psicólogo, un sacerdote o un amigo paciente; sin embargo, con frecuencia, hay quien insiste en perpetuar este estado y realmente lo que buscan es chuparle energía a los demás. Este es el tipo de personas que he eliminado rápidamente de mi vida, junto con los que siempre hablan del tiempo y de ese montón de cosas intrascendentes que no aportan nada más que llenar el vacío de unas vidas insípidas. No lo he hecho por maldad ni desprecio, simplemente porque mi tanque de combustible es limitado y esta no es una forma interesante y productiva de consumirlo.

Pero si he tenido que renunciar a escenarios muy lindos con amigos o seres queridos. Además de mis limitaciones físicas para andar, soy hipoacúsico y quien requiere audífonos para escuchar sabe que programar estos aparatos para que no suenen a lata, es un privilegio que no se da frecuentemente. Entonces, para mi ir a un lugar donde hay mucha gente hablando es una tortura y a uno donde hay música fuerte es una doble tortura donde se baila y no puedo bailar, se habla y digo todo que sí como un gilipollas y encima mi neurología fallida entra en un estado de confusión y aturdimiento psicodélico indigerible.

No siempre he sabido expresar con claridad mis sentimientos para justificar porque no he ido al casamiento de un amigo, a una despedida de fin de año, al cumpleaños de quince de la hija de una amiga, porqué cuando alguna pareja querida tiene hijos pequeños yo los evito… ¡son muchas las escenas cotidianas que la gente disfruta que para mi son una tortura agotadora! Y ese es un precio que he pagado al perdérmelas. Podría haber ido a muchas más, pero quien tiene una enfermedad neurológica, sabe que el precio de la recuperación es mucho más alto aún. Yo elegí no ser tan buen amigo, tan buen hijo, nieto, hermano y sobrino, porqué quería vivir.

Claudia, mi compañera de vida, sabe que si estamos viendo una película o un noticiero, yo necesito concentrarme en escuchar o leer los subtítulos, que esta no es una situación en la que puedo funcionar multitareas: cuando vemos una peli, vemos una peli, cuando conversamos, conversamos -y la verdad es que, por mi sordera, la conversación es algo para lo que tengo tiro corto-, por eso me gusta elegir bien en que se gasta la pólvora. ¡Pobre Claudia! Ella sabe qué es la única persona con la que puedo vivir, aunque a veces -cuando está muy conversadora- preferiría vivir solo; lo que no entiendo es como ella quiere vivir con este carcamán 😊 ¡Algo debo tener a pesar de todo!

El maravilloso arte de decir NO

Hubo un tiempo en que no sabía decir “no” y ser condescendiente es agotador. Hace poco, estuve unos días en lo de mi tía y luego pasé unas semanas en lo de mi mamá; en muy poco tiempo ambas me dijeron algo muy bonito, palabras más, palabras menos: “hijo, con vos es un placer vivir, nunca un si o un no”. Por supuesto, cuando voy a la casa de alguien, para mi su espacio es sagrado, por eso voy solamente lo que voy a poder resistir y estas mujeres son lo suficientemente valiosas como para pagar el precio de ser condescendiente unas horas o unos días; en mi casa no soy tan maravilloso, es mi espacio sagrado donde recargo mi tanque de combustible ineficiente con el que tengo que funcionar con eficiencia. Pero más allá de esto, y del bonito cumplido de mi tía y mi mamá, es un fruto cuya cosecha no me convence, pues muchas veces he sido muy condescendiente, hasta que me toco estallar y ser verdaderamente jodido para poner límites. Sigo trabajando en el desarrollo de mi inteligencia emocional buscando mejores equilibrios.

En cambio, todavía recuerdo lo bien que me sentí hace unos años cuando dije “no” en una situación que siempre solía decir que “sí”. Yo estaba en la computadora trabajando en un libro, un artículo o algo así, y Claudia me pidió que la ayudara en unas tareas en la cocina. Ella siguió con lo suyo como si nada, está unos cuantos pasos adelante en la escala evolutiva y lo que para mi era un evento trascendente, para ella solo fue una exhalación desapercibida. ¡No! Pero que bien se sintió decirlo. Y le tomé el gusto, fue un gran hito en mi vida.

De alguna manera, puede sentirse como una forma egoísta de vivir, puede ser molesto para los demás y a mí me ha pesado algunas veces, pero en ocasiones es la única manera de sobrevivir. Yo lamento mucho las relaciones que no cultivé como es debido, los amigos que perdí o los que nunca llegué a tener, no fue gratis ni la opción más bonita, fue el precio con el que pude pagar la cuenta para estar aquí.

Remar el doble, llegar último y festejar igual

Con mucha menos energía tuve que comprar audífonos carísimos una y otra vez, tratamientos naturales que el sistema no financia de ninguna manera, dedicarle muchas más horas a la actividad física para simplemente sacarme la espasticidad, cocinar sano para no descuidar la nutrición, despertarme mucho antes para llegar a la misma hora, pagar un taxi cuando otros van andando… ¡Y todos los santos días durante treinta años! Y no puedo decir que he vivido plenamente, pero si que he aprendido a encontrar un buen grado de plenitud en el arte de sobrevivir con dignidad.

Quizá este vídeo que titulé la Maratón de los Sueños, refleje un poco lo que quiero decir.

Toda crisis es una oportunidad

No quiero despertar ni lástima, ni admiración, ni nada con estas palabras, tan solo comprensión. Hay personas con enfermedades graves que estarán atravesando desafíos similares. Y hay personas que tienen seres queridos en una situación equivalente. Ambos tienen una relación que tal vez valga la pena y desean cuidar, pero deben tomar conciencia que necesita una ecualización diferente, un ida y vuelta que no es el habitual, y esto mismo también es lo que la puede volver especialmente enriquecedora. Con quienes hemos logrado la sintonía fina, que no han sido tantos, hemos llegado a tener encuentros que no olvidaremos en nuestras vidas; cuando el dolor y la enfermedad están en medio de una relación, no hay lugar para medias tintas, curiosidades o vanalidades, solo compromiso y mucho amor incondicional, y en esa vibración ocurren los milagros.

Si estas palabras ayudan a resolver en dos minutos, lo que a mi me ha llevado diez, veinte o treinta años, sé que habré contribuido a la evolución de la humanidad y a aliviar el precio que muchos tienen que pagar simplemente por vivir lo mejor que se pueda.

Pablo de la Iglesia

Publicado el

Silencio

Silencio

Si hay algo que predomina en el mundo de hoy, es el ruido.

Contaminación acústica. Ruido emocional provocado por los miles y miles de estímulos que dicen: “¡Compra! ¡Compra!”. Ruido en las relaciones que no encuentran muchos momentos de quietud para experimentarse.

También hace ruido, ¡mucho ruido!, nuestra mente cuando supone, conjetura y saca conclusiones: acciones que buscan llenar vacíos que generan ansiedad con mapas que rara vez se ajustan a la realidad. De esta manera perdemos la capacidad de ver sin juzgar permanentemente, sumiéndonos en un estado de trance ilusorio.

El carrusel mental gira y gira; la ilusión no se detiene y la mente se encarga de recrear las escenas con ruido e imágenes condicionadas por viejas creencias, valores y programas adquiridos previamente y de manera inconsciente.

Cuando estamos dormidos vivimos una eterna lucha por no caer en el vacío; despertar es permitir que el carrusel se detenga y que el silencio del vacío y de la plenitud se apodere de nuestra existencia.

Permitirnos estar en silencio es la llave para acceder a la verdad que Inteligencia Cósmica calla pero ilumina para las mentes aquietadas. Cierra los ojos y observa al mono de la mente hasta que se aquiete y la luz del silencio te unifique con la respuesta a todas las preguntas allí donde ya no hay preguntas.

Cuando el silencio tiene su espacio en nuestra vida, nuestra mente encuentra mayor claridad; de hecho, la conciencia se va manifestando detrás de tanto ruido. La re-evolución de la conciencia se produce en este estado que nos pone en sintonía con la Inteligencia Cósmica y donde la Creación se expresa sin obstáculos a través de nosotros.

Pablo de la Iglesia

Fuente: Espiritualidad Aquí y Ahora (Kier)

Publicado el

Simplifica tu vida

Simplifica tu vida

Vive más sencillamente
para que otros sencillamente puedan vivir.

Gandhi

Piensa en aquellas cosas que consumes pero que no son en absoluto necesarias. ¿Ropa? ¿Tecnología? ¿Salidas? De todas ellas, ¿cuáles te acercan a la felicidad?, ¿cuáles podrías suprimir sin que te vieras afectado?, ¿te sentirías incluso aliviado por no llevar su carga?

Piensa en todas esas relaciones que no te aportan nada, que solo sostienes por compromiso, por tradición, incluso porque quieres parecer bueno.

Todas esas reuniones inútiles a las que acudes por cortesía, cuando quisieras estar en pantuflas viendo una película de Walt Disney con tus hijos.

Hoy en día, la necesidad de simplificar nuestra vida tiene un doble significado: por un lado, nos hace más fácil el camino, más libre, más liviano; por el otro, es una cuestión de responsabilidad social.

Podría explicártelo, desde mi perspectiva de naturópata, reflexionando sobre la salud.

Generalizando, en el mundo de hoy existen dos grandes tipos de enfermedades, las de la abundancia y las de la escasez que en términos materiales se traducen en desequilibrios por exceso o por defecto; unos están enfermos porque están sobrealimentados y otros, porque están desnutridos.

Unos están gordos y enfermos del corazón porque su vida es fácil y llena de excesos, otros están flacos y excluidos porque para llegar al colegio tienen que caminar largas distancias con los pies descalzos y el estómago vacío.

Seguramente tú perteneces al grupo de aquellos a los que al menos les sobra algo de lo que podrían prescindir para ser más felices y simples. Seguramente ese algo le puede facilitar la vida a otra persona.

Es una ecuación donde todos ganan y que debe activarse cuanto antes y en forma masiva para que de verdad la prosperidad absoluta sea el estado de cosas planetario.

En el área del conocimiento también nos hemos vuelto complejos y este ya no siempre juega a nuestro favor, más bien se ha vuelto un intrincado laberinto que nos enrieda cada vez más; simplificar es cultivar la sabiduría diáfana del observador sin juicios, que no se ata ni se identifica con el conocimiento ni las creencias establecidas, sino que los utiliza en función de un propósito iluminado por el corazón.

Comprender que la INTELIGENCIA es un fenómeno natural que ocurre cuando lo permitimos, el CONOCIMIENTO es un mero instrumento y la SABIDURÍA es la encargada de acoplar y modular la expresión de tus pensamientos y acciones; reconócelos, define el objetivo y permite que expresen su juego creando como lo hace la naturaleza en unidades perfectas, eficientes, sin excesos ni defectos y por el camino más simple.

Pablo de la Iglesia