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¡El pollo “engorda”!

En Argentina, el consumo de carnes aumentó de manera significativa, contribuyendo -sin ninguna duda- al deterioro de la salud en general y al aumento de la obesidad y sobrepeso en particular.

El consumo de pollo aumentó desde 10,9 kg en 1990 a 44,9 kg en el 2017. Quienes pintamos unas canas, recordaremos que un buen consejo en aquellos días era reemplazar nuestro históricamente excesivo consumo de carne vacuna por algo de pollo. Convengamos que en aquel entonces la vaca y el pollo, poco o mucho, pero caminaban, comían pasto y verdeo y, comparada con la actual, tenían una vida idílica. Con todo, era un excelente consejo: el pollo tiene menos grasa saturada, podemos desgrasarlo con facilidad y aporta una proteína mucho más limpia.

La idea era que los embutidos eran inadecuados para la salud, las carnes rojas como la de vaca o cerdo debían evitarse o moderarse y el pollo o el pescado eran la opción preferente; así el consumo de pollo aumentó mucho, llegando a triplicarse en los Estados Unidos donde llegó a ser la más elegida. Y digamos que, muy atrasados, pero las variables de consumo alimentario y sanitario en este país, son seguidas por los argentinos de manera casi calcada.

El punto es, que en aquel entonces los pollos comenzaron a ponerse gordos y quienes los consumían también; de aquella carne magra que nos aportaba esta noble ave, a los Frankensteins emplumados que la industria produce a costa de antibióticos, hacinamiento y reducción de costos, eso, ¡solo quedan las plumas!

De acuerdo a una investigación publicada en la revista Nutrition, se examinó el consumo de carne en adultos y se lo comparó a su IMC ; para ofrecer mejores garantías de los resultados, los investigadores crearon controles para otros factores como “edad, ingesta de energía basal total, ingesta de alcohol, consumo de verduras, consumo de frutas, consumo de cereales, nivel de actividad física, fumar, nivel educativo, y hábitos dietéticos en los últimos 5 años”, de tal modo la principal diferencia entre los sujetos del estudio fuera en las clases y cantidades de carnes que consumían. ¿Cuál fue el resultado? El consumo de pollo estaba más fuertemente asociado con ganancia de peso tanto en los hombres como en las mujeres.

De manera sorprendente, esto ocurría aún cuando la cantidad de pollo consumida era mínima. Al comparar con las personas que no consumían pollo, las personas que comían 20 o más gramos de pollo al día tenían IMC significativamente mayores; es decir, el impacto de un equivalente a media pechuga a la semana realmente nos puede hacer engordar. ¡Esto no se explica por las calorías! Al menos, no totalmente. ¿Será que los pollos Frankenstein tienen algo que ver? ¿O que el hecho que cuando decimos pollo también decimos un montón de presentaciones industrializadas que le restan aún más valor y le agregan tóxicos que desequilibran el metabolismo?

Desde los primeros pasos en la crianza de pollos en Estados Unidos a finales del siglo XIX hasta la fecha, la transformación de estos animales para consumo humano ha sido impresionante. En la década de 1920 y 1930 empezó a crecer mucho la explotación de granjas especializadas en la producción avícola y poco a poco se fue acelerando una carrera genética en una búsqueda voraz para obtener aves de mayor peso en menor tiempo y con menos requerimientos de alimentos por kilo de carne producido. Es decir, si aún comes carne de pollo, nadie en la industria se está preocupando por la calidad nutritiva de lo que te llevarás a la boca, sino de la cantidad producida con crecientes niveles de eficiencia especulativa que solo mide el costo-beneficio económico directo.

Uno de esos pollos es el conocido como pollo “Broiler”, el más utilizado en la industria por tener una tasa de crecimiento muy rápida, una excelente transformación del pienso en carne (índice de conversión) y una carne blanca que se presenta como tierna, pobre en grasa y de muy fácil digestión. Una conocida granja industrial argentina lo describe como “un animal muy pacífico, sociable y sedentario”. ¡Cómo si el pobre animal tuviera la oportunidad de rebelarse en las jaulas donde se lo cría en un hacinamiento brutal y una convivencia que es insoportable pero no tienen opción de moverse para matarse a picotazos!

De acuerdo a la información proporcionada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y obtenidos de la Agencia de Estándares de Alimentos y el Instituto de Química Cerebral y Nutrición Humana, “una porción de pollo de 100 gramos en 1896 contenía 16.2 calorías de grasa y 91.2 calorías de proteína para dar un total 107 calorías. Casi cien años después, en el 2004, la misma porción de 100 gramos de pollo contiene más de 205 calorías de grasa y aproximadamente 65 calorías de proteína para dar un total de 273 calorías”.

Es decir, solo 100 años hemos logrado que el animal sufra una transformación que la evolución natural -si concibiéramos una en el sentido de esta aberración-, el contenido de grasa en el pollo subió más de diez veces mientras que el contenido de proteína bajó un tercio; así mismo, el contenido general de calorías en el pollo hoy en día es casi tres veces mayor de lo que era hace cien años. Pues entonces, aquello de cambiar la carne roja por carne de pollo, quizá ya no sea una buena opción y la pregunta debería ser, no qué tipo de carne, sino cual es la procedencia de la carne.

Insisto, como muchas veces lo hago, que soy partidario de vegetarianizar la dieta y, si no es que nos regimos por alguno de los patrones vegetarianos, al menos mantener el consumo de carnes en mínimos; en cualquiera de las tres opciones se puede llevar una dieta saludable. Así mismo, es vital velar por el origen de los alimentos, mucho más en el caso de aquellos de origen animal, y aún más en el caso del pollo y los huevos.

Jonathan Ewald, periodista del portal Life + Health (http://www.lifeandhealth.org) relata que, de acuerdo a la investigación publicada en Nutrition antes mencionado, que “en lo que concierne a los pollos, los autores del estudio hicieron una pregunta fascinante; «¿Será que comer obesidad causa obesidad?». De acuerdo al Doctor Michael Greger, un doctor especialista en nutrición clínica citado por el mismo reportero en su artículo “Los pollos y obesidad”, afirma que «el cóctel de selección de genes para ganancia de peso rápida, la falta de ejercicio y la disponibilidad de comida de alta energía las 24 horas del día, son una receta sencilla y bien conocida para crear obesidad en esas aves”

Otro punto a considerar es que el pollo, alguna vez considerado una buena fuente de ácidos grasos de Omega 3, hoy tiene una relación entre los ácidos grasos Omega 6 y 3 de 9: 1; nuestra dieta occidental refinada e industrializada, se ha excedido en la oferta de ácidos grasos Omega 6 y ha provocado un desequilibrio entre los ácidos grasos Omega 6 y 3 que contribuye a que tengamos predisposición a mayores proporciones de enfermedades autoinmunes, alergias, cáncer, inmunidad deprimida o procesos inflamatorios.

Demás está decir que los animales criados y producidos en estas condiciones que han deteriorado, como hemos visto, su valor nutricional, además de ser obesos, desarrollan una altísima predisposición a padecer todo tipo de enfermedades, entre las que se citan:

  • Disfunción cardiovascular- lo cual lleva a fallo cardíaco o síndrome de muerte súbita.
  • Disfunción esqueletal- que conduce a dolor al caminar y cojera (debido al crecimiento rápido y la falta de espacio para hacer ejercicio)
  • Dermatitis de contacto- erupciones causadas cuando los pollos son forzados a yacer sobre su propio excremento por semanas donde hay concentraciones altas de amoniaco
  • Falta de espacio para moverse, falta de luz natural y mala calidad de aire
  • Anormalidades oculares (tales como glaucoma aviar)
  • Manejo rudo y transporte que a menudo lleva a lesión o muerte de algunas aves

Ante este escenario, las opciones no son muchas si desean cuidar y mejorar tu salud:

  • Elimine el pollo y los huevos industrializados; busca tus lípidos y proteínas en frutos secos, legumbres o algas, que con el complemento de las frutas, las verduras y los granos integrales estará bien cubierto.
  • Reduzca la cantidad de pollo, huevos y otros productos de origen animal, limitando su consumo moderado a aquellos que sean de producción orgánica y de pastoreo.

Verdad de hierro: la carne de pollo, al menos la industrializada, ha resultado ser la peor en cuanto a la asociación entre su consumo y la predisposición al sobrepeso y la obesidad.

Si le quedan ganas de comer pollo y un día de estos lo invitan a hacerlo, la pregunta es: ¿qué pollo?

Pablo de la Iglesia

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El AJO en la prevención y tratamiento del cáncer

Empecemos con un ejemplo concreto:

En Estados Unidos, el número estimado de casos nuevos de cáncer de pulmón en 2013 fue de 228,190, con un total de 159,480 muertes en ese período, de acuerdo a la información del Instituto Nacional del Cáncer.

¿Tenías idea aproximada de estas cifras? Observa por favor que casi el 70% de las personas diagnosticadas fallecen de la enfermedad. ¿Estamos ganando la “guerra contra el cáncer” como suelen decir los especialistas? ¡En absoluto! Y ante ese escenario, ¿no te parece razonable incorporar toda la fuerza de las terapias naturales para mejorar nuestra inmunidad natural, desintoxicar el organismo y oxigenarlo para generar auspicios saludables? ¡Por supuesto que si!

Si algo tan sencillo como consumir ajo crudo o añejado dos veces a la semana puede disminuir la incidencia del mismo en casi un 50% en la población general y un 30% en caso de los fumadores: ¿No es una buena oportunidad para plantearnos consumir más ajo? ¿O de plantar, aunque sea en macetas y en la cocina, nuestros propios ajos orgánicos?

Sin lugar a dudas el ajo es uno de los alimentos con más propiedades medicinales que existen e incluso las evidencias lo vuelven un peso pesado en la lucha contra el cáncer, sea en la prevención o, en el marco de una estrategia integral, el tratamiento del mismo. Algunas investigaciones han determinado que menos de un diente de ajo al día reduce el riesgo de cáncer de próstata en un 50%, y disminuye significativamente el riesgo de contraer cáncer de estómago, cáncer de esófago, cáncer de mama, y cáncer de colon.

También se ha verificado que cuanto mayor es la cantidad de ajo crudo o cocido consumido menor es el riesgo de cáncer de estómago o colorectal. En el estudio prospectivo europeo sobre cáncer y nutrición (EPIC), una investigación que involucra a hombres y mujeres de diez países diferentes, vinculó un mayor consumo de la cebolla y el ajo se asociaron con un menor riesgo de cáncer intestinal.

Un estudio francés verificó que el aumento de consumo de ajo, cebolla y fibras, iba hermanado a una reducción estadísticamente significativa en el riesgo de cáncer de mama.

Algo muy importante a tener en cuenta es que capacidad del ajo para combatir el cáncer depende de la forma en que este se prepara. En la cocina, la mejor manera de mantener las propiedades anticancerígenas del ajo es picarlo o triturarlo, y luego dejarlo reposar durante al menos 10-15 minutos antes de ser consumido en crudo o cocido; por supuesto, esto es válido para todo el espectro de condiciones que alivia este poderoso “medicalimento”.

Al romper el ajo se liberan compuestos de sulfuro de alilo que luchan contra las enfermedades y si lo calentamos inmediatamente después de cortarlo se inactiva una de las enzimas más cruciales para que este benéfico proceso ocurra; en razón de ello, tradicionalmente se han recomendado variedades de ajo añejado o macerado. Tengamos en cuenta que, si cocinamos el ajo a un fuego suave al menos diez minutos después de picarlo, estos beneficiosos compuestos no se destruirán.

Y por supuesto, el ajo tiene muchas más propiedades; aquí te dejo un vídeo que tiene unos años y acusa que hoy pinto unas cuantas canas, ¡pero el ajo tiene cada vez más propiedades!

¿Cómo tomar ajo?

  • Supositorios: indicados para combatir los parásitos intestinales; normalmente se utiliza el extracto seco a razón de 100 a 250 mg. por unidad; mucho más práctico y accesible, es la aplicación por el ano de un ajo crudo untado en aceite de oliva virgen extra.
  • Jugo: consumir 10 a 30 gotas por dosis, varias veces al día.
  • Tintura: consumir 30/40 gotas, 3 veces al día.
  • Uso externo: pomada compuesta por jugo de ajo y vaselina a partes iguales; se usa con fines antisépticos.
  • Ajomiel: se colocan 400 gramos de ajos machacados en una botella de cuello ancho, se añade igual cantidad de vinagre de manzana y agua hasta cubrirlos. Se cierra la botella y se deja macerar durante cuatro días, agitando vigorosamente tres veces diarias. Finalmente se cuela el preparado, se agregan 250 grs. de miel, se agita bien y el preparado está listo para consumir a razón de una a dos cucharadas soperas antes de las principales comidas; se conserva por alrededor de un mes en lugar fresco o en el frigorífico. Esta versión no sería la más apropiada para los diabéticos, al menos hasta que la enfermedad este controlada por una dieta desintoxicante y enzimática; luego, las cantidades insignificantes de azúcar por toma podrían permitir que sea una buena opción.
  • Ajoaceite: se emulsionan varios ajos machacados con aceite de oliva virgen extra hasta formar un pasta tipo mayonesa, y se dejan  reposar dos o tres días.
  • Decocción: se hierve una cabeza de ajo en un litro de agua durante cinco minutos y se beben tres tazas diarias; esta preparación pierde parte de las propiedades del ajo pero se evita el mal aliento  y el olor corporal.
  • Enemas: se preparan a razón de dos o tres cucharadas de ajoaceite por  litro de agua.
  • Crudo: se mastican de uno a tres ajos, preferentemente en ayunas.
  • Inhalación: la inhalación de ajo triturado alivia la gripe, las anginas y catarros cuando recién se manifiestan; por supuesto, es un gran aliado en todo tipo de condiciones infecciosas.
  • Jarabe: esta opción es ideal para la tos y la bronquitis. Se prepara hirviendo ?medio litro de agua, se apaga el fuego y se agregan cincuenta gramos de ajo picado. Tapar, dejar reposar doce horas y colar. Agregar miel y batir hasta conseguir un jarabe del que tomará una o dos cucharaditas tres veces al día. En este caso, estaría contraindicada para los diabéticos.
  • Complementos: en el mercado hay decenas de opciones y tú deberás investigar cual se adapta a tus necesidades y posibilidades; recomiendo las siguientes a modo orientativo:
  • Ajo desodorizado (Anastore)
  • Aceite de ajo con espino blanco y hojas de olivo (Ceba Natural) / Este producto, además de tónico de las defensas, brinda un excelente perfil para aliviar la hipertensión y los trastornos cardiovasculares.
  • Ajo en cápsulas 500 mg (Ceba Natural)

Por supuesto, ya sabes que no es mi idea vender soluciones mágicas y siempre recomiendo estos recursos en el marco de estrategias integrales; en el caso que padezcas cáncer, además de los consejos del profesional que te guíe, desde mis conocimientos te recomendaría la lectura y aplicación de los consejos compartidos en “Puesta a Punto” (Urano) y “Estimula tu Inmunidad natural” (Kepler).

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Y para preparar mejor el terreno orgánico, antes te recomendaría un programa alimentario detox, vivo y alcalino, como el que recomendamos con Patricia Robiano en “Puesta a Punto” (Urano).  Primero una buena alimentación.

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Puedes adquirir “Puesta a Punto” (Ediciones Urano) de Patricia Robiano y Pablo de la Iglesia en todas las librerías argentinas o solicitarlo por correo en http://bit.ly/2bBkv55 / En MEXICO:http://bit.ly/2fnjLib (formato digital) / En ESPAÑA:http://bit.ly/2e3VKxX / En COLOMBIA:http://bit.ly/2fFDMmy / En AMAZON para todo el mundo: http://amzn.to/2gpJTwu / ¡Y en el ITunes store! http://apple.co/2jARGIZ

Mi último consejo a quienes padecen cáncer, es que no se dejen arrastrar por el miedo. Con una actitud positiva y abierta, utilizando los recursos naturales y siendo consistentes en nuestra estrategia, los resultados en el tratamiento del cáncer son muy buenos.

 

Pablo de la Iglesia

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LENTEJAS: sus oligoelementos también hacen la diferencia

De origen asiático desde donde se extendieron por el mundo, disponemos de varios tipos entre las que destacan la rubia castellana que es de color verde claro y más grande que la mayoría de sus homólogas, la más común es la pardina, con un tamaño más pequeño y color marrón oscuro, entre otras.

Cien gramos de lentejas se distinguen por aportar 148 mcg de molibdeno, lo cual es aproximadamente el doble de la cantidad diaria que se sugiere habitualmente.

Este oligoelemento -llamamos así a los minerales presentes en mínimas proporciones- es fundamental para el metabolismo del hierro fortaleciendo la función de una enzima esencial para le mismo, la xantina-oxidasa; también participa en otros sistemas enzimáticos asociados al metabolismo del alcohol, las drogas, sustancias tóxicas y exceso de cobre. El déficit de molibdeno también está asociado a problemas en el funcionamiento sexual masculino.

La misma cantidad de la legumbre aportan casi la mitad del hierro y el manganeso que nuestro cuerpo necesita diariamente.

Puesto que los beneficios del hierro son más o menos conocidos, detengámonos en el manganeso. Este oligoelemento es esencial para los recién nacidos contribuyendo al crecimiento y adecuada formación de huesos, tejidos, así como la coagulación de la sangre, las funciones de la insulina, la regulación y síntesis del colesterol o la activación de varias enzimas; su carencia puede manifestarse con faneras debilitadas -lento crecimiento de las uñas, y cabello, despigmentación de este último-, malformación ósea o trastornos de la glucosa en la sangre.

Por estas y muchas propiedades más, ¡no dejes de incorporar lentejas a tu vida!

Pablo de la Iglesia

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Nada como dormir bien

La calidad de sueño es fundamental para gozar de una buena salud y un elevado nivel de bienestar; lo normal es dormir entre seis y ocho horas, algunos un poco más otros un poco menos, para lograr un descanso reparador.

Si tenemos problemas para dormir, tomar un fármaco con ese propósito es el peor error que podemos cometer, pues apenas alargan el tiempo que dormimos, producen un sueño fragmentado que no solo no aporta beneficios sino que agrava el problema y en tanto seguimos postergando el abordaje de las verdaderas causas.

Las personas que toman medicamentos somníferos tienen un riesgo asociado de muerte cuatro veces superior que el que no lo hace y un 35% más de posibilidades de padecer cáncer. ¿Impresionante verdad?

Hay alternativas naturales como la melatonina o la valeriana que son muy efectivas, a las cuales podemos recurrir sin poner en juego nuestra integridad y nuestra vida y no tienen en absoluto los riesgos de las drogas farmacéuticas.

Los fármacos para dormir son peligrosos y ayudan muy poco o nada a mejorar la calidad de descanso. Tenlo presente.

Principios activos naturales sugeridos

Valeriana: esta planta medicinal se utiliza para mejorar la calidad de sueño pero también para reducir la ansiedad (en Argentina suele decirse “bajar un cambio”); el estrés improductivo asociado a momentos personales, laborales o de estudio complicados, puede reducirse y verse transformado en un estado productivo si logramos que nuestra mente y nuestro cuerpo canalicen su energía para hacer foco. ¡Y la valeriana puede ayudar mucho! Y no hay que esperar a dormir mal para tomar valeriana, al primer síntoma de estrés, dificultades con la menopausia o el síndrome premenstrual o trastornos gastrointestinales asociados a la ansiedad, perfectamente podemos recurrir a esta planta en cualquiera de sus presentaciones.

Valeriana y Lúpulo calmante – Ceba Natural

Tilo: indicado para el estrés, la ansiedad, los espasmos musculares, digestiones lentas e incluso estados gripales.

Melisa: esta planta aromática, también conocida como toronjil o limonera, originaria del sur y el centro de Europa, es un suave ansiolítico utilizado para favorecer el sueño, equilibrar el sistema nervioso, aliviar los estados de taquicardia, palpitaciones y espasmos musculares.

Pasiflora: también conocida como pasionaria, es una planta trepadora con vistosas flores que tiene la capacidad de inducir a un sueño sereno, profundo y duradero; suele ser una compañera infaltable de la valeriana en las fórmulas herbales.

Lúpulo: se trata de otra planta trepadora cuyos usos tranquilizantes e inductores al sueño son conocidos desde la época del imperio romano, quienes la consumían de manera tradicional y también la utilizaban para rellenar las almohadas con sus hojas.

Hipérico: las propiedades del hipérico son ampliamente reconocidas, dado que en los últimos años se ha investigado con rigor. La Comisión E (Alemania), sostiene que el uso de hipérico es adecuado para el tratamiento de los trastornos psicosomáticos, de los estados depresivos, de la ansiedad, así como de la agitación nerviosa.  La OMS afirma que esta planta está indicada para el tratamiento de la depresión que abarca desde el episodio depresivo más leve hasta el más moderado.

Hipérico Anastore – cápsulas de extracto titulado de hipericina

Melatonina: sin presentar los efectos secundarios de los fármacos de prescripción médica, la melatonina regula de manera natural el sueño; luego de la adolescencia su producción endógena comienza a disminuir y su suplementación hace la diferencia. Lamentablemente, de forma absurda, en muchos países su venta libre está prohibida.

Melatonina Anastore – cápsulas de 1,9 mg

Magnesio: entre sus muchas funciones, es esencial para la síntesis y regulación de algunos neurotransmisores -como la serotonina- que modulan nuestra conducta y estado de ánimo; así el consumo suficiente de magnesio contribuye a la calma, la relajación y una mejor calidad de sueño.
Algunos alimentos ricos en magnesio son bananas, nueces de brasil. lino, sésamo, cacao, aguacate y frutos secos en general; probablemente necesitaremos un complemento y las mejores presentaciones son en forma de citrato o cloruro.

Para complementar esta información puedes leer en nuestro sitio Web varios artículos sobre su uso para aliviar la fibromialgia, la osteoporosis y su importancia durante el embarazo.

En general, estas plantas no suelen presentar efectos secundarios o contraindicaciones, pero en cualquier caso debemos seguir el consejo del prescriptor o las indicaciones del producto en cuestión; las recomendaciones comerciales son a modo orientativo.

Para complementar esta información, también puedes leer el artículo  La importancia de un buen descanso.

¡Qué descanses! Con estos esperamos brindar una pequeña contribución a tu calidad de descanso; deberás hacer tu propia investigación para realizar pequeños cambios en tu estilo de vida que, sin duda, harán una diferencia en bienestar.

Pablo de la Iglesia

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FIBROMIALGIA, su tratamiento natural

Una lectora nos pregunta sobre los posibles tratamientos para la FIBROMIALGIA:

Recientemente mi hija ha sido diagnosticada de fibromialgia, no sabemos bien de que se trata y estamos angustiados. ¿Nos puede ayudar la Nutrición Ortomolecular o la Medicina Natural? Ana, 57 años, Buenos Aires.

La fibromialgia es una enfermedad que suele manifestarse con dolor, agotamiento, rigidez del cuerpo, trastornos del sueño, malestar abdominal, entre otros síntomas que pueden generar invalidez variable.

La nutrición ortomolecular y la medicina natural puede complementar el tratamiento con muchos recursos e incluso muchas personas obtienen excelentes resultados utilizando únicamente terapias naturales; compartimos los que, a mi criterio, son los tres más importantes:

Magnesio: un estudio clínico verificó que la administración de 600 mg de magnesio al día produce una gran mejoría en los puntos de dolor y en la fatiga; incluso, con seguimiento profesional, parece que dosis mayores son más efectivas.

El magnesio es fundamental para el correcto funcionamiento de muchas de las enzimas que movilizan el ciclo de Krebs y la glucólisis que crean ATP (un compuesto químico de nucleótidos en los organismos vivos que libera la energía para las reacciones celulares) y transforman el azúcar en energía. Diversas investigaciones han encontrado bajos niveles de ATP en las personas diagnosticadas con fibromialgia, lo cual califica al magnesio como mínimo como un factor coadyuvante (aunque la simple experiencia de su consumo durante algunos días convencerá al más escéptico de su importancia central).

Por sencillez y economía, mi primera opción sigue siendo el cloruro de magnesio que usaban nuestros abuelos y se suministra libremente en farmacias y dietéticas.

Acido Málico: cuando tengo oportunidad, a todas las personas que padecen esta enfermedad les recomiendo una o dos manzanas verdes al día. ¿Por qué? El ácido málico está involucrado en la producción de energía y ayuda a depurar el hígado; su uso ha demostrado ser de gran importancia para mejorar la fibromialgia. Las uvas, las cerezas, el membrillo y otras frutas de sabor ácido, especialmente cuando no están maduras, suman buenas fuentes de ácido málico; también se expende en comprimidos o en polvo y su consumo debe ajustarse a la recomendación -como referencia, suelen indicarse unos 800 mg al día durante una comida-.

El ácido málico también es muy importante para la eficiencia metabólica y la producción de energía del organismo por su rol en el ciclo de Krebs, favoreciendo las reacciones que ayudan a las células producir energía de los alimentos. Otro efecto que puede ser de ayuda para quienes padecen fibromialgia es que el ácido málico también brinda mayor capacidad de recuperación tras el ejercicio o la rehabilitación dado que contrarresta la acumulación de ácido láctico.

Omega 3: por su versatilidad, es uno de mis complementos preferidos. Puede ingerirse en cápsulas de aceite de pescado, chía o lino; salvo cuando se practica un vegetarianismo estricto, las primeras son la alternativa más potente.

Los estudios han demostrado que su consumo posibilita una mejoría que se manifiesta en la disminución del dolor en las zonas sensibles, reduce la tensión muscular y el grado de fatiga; en mi experiencia, los resultados se ven en pocas semanas habitualmente, aunque se recomienda esperar seis meses antes de concluir su efectividad o no. Lo ideal en estos casos es diseñar estrategias de administración prolongada.

Recomendados de referencia

 

Por supuesto, una alimentación saludable que aporte variedad de nutrientes sin los habituales excesos de carga tóxica, es fundamental; en ese sentido, el libro “Puesta a Punto” (Urano) es una excelente guía.

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Pablo de la Iglesia