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¿Todos los HUEVOS son iguales?

Además de no contener pesticidas ni OGMs, los alimentos orgánicos aportan más nutrientes. Si tomamos como ejemplo los tomates, los diferentes indicadores señalan que pueden tener unas cinco veces más calcio, incluso más de diez veces el aporte de magnesio y casi dos mil veces la cantidad de hierro -que en los convencionales puede ser casi inexistente-. En las lechugas el calcio puede multiplicarse más de cuatro veces, cifras similares para el magnesio y, al igual que en el ejemplo anterior, la diferencia de hierro es muy significativa llegando a ser unas cincuenta veces más.

En los alimentos de origen animal también ocurre lo mismo. Son notables las diferencias nutricionales entre un huevo puesto por una “gallina feliz” que corre por el campo, pololea con el gallo y come lo que le es natural y aquellas que están hacinadas en una jaula, nunca ven un gallo y se alimentan de un polvo balanceado.

Un estudio realizado en el 2007 verificó estos valores y encontraron que los huevos orgánicos tienen 1/3 menos colesterol y 1/4 menos de grasa saturada, así mismo tienen 2/3 más vitamina A, dos veces más ácidos grasos Omega 3, el triple de vitamina E y siete veces más betacaroteno. ¡Todo a favor de los huevos de “gallinas felices” de pastoreo! ¿Verdad?

Esta es la razón por la cual una investigación puede resultar en que el huevo reduce el colesterol y el otro lo eleva; la gran enseñanza de este tiempo -y esto se aplica a todos los alimentos- es que antes de elegir lo que comemos tenemos que observar como se produce lo que comemos. La buena noticia para los amantes del huevo es que si se ocupan de conseguir aquellos que son de producción agroecológica y están dispuestos a pagar un poquito más por ellos, aquel consejo de uno a tres por semana tal vez siga siendo válido, seguro y prudente, ¡pero ahora si: libre de culpa y cargo! Tal vez, para los deportistas y quienes hacen alguna dieta especial, también esta cantidad pueda aumentarse.

Y un punto importante en el que no me canso de machacar: la salud no depende de un huevo más o un huevo menos, depende de la calidad, la variedad y el equilibrio. Lo hemos repetido hasta el cansancio: la columna vertebral de una buena alimentación depende del consumo de alimentos frescos, vivos e integrales focalizando en un eje que enfatice en una masa crítica de frutas, verduras y semillas y se complemente con cantidades más moderadas de cereales y legumbres. Luego, mencionamos los alimentos de origen animal que, según la dieta y estilo de vida, su consumo puede ser opcional o más limitado. De esta manera nos estaremos manejando dentro de un rango de seguridad importante, que ha demostrado ser protector de la mayoría de las enfermedades -en particular de las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes- y nos permite vivir con una actitud de apertura expectante para seguir mejorando nuestra alimentación con aquellos saberes nuevos pero que se han sostenido durante bastante más de lo que dura la novedad.

Por último, siguiendo la línea de pensamiento aquí esbozada, convengamos que no es lo mismo comer una ensalada de vegetales frescos, un huevo de pastoreo picadito y condimentada con sal marina y aceite de oliva virgen, que unas galletitas elaboradas con harina refinada, azúcar blanca, sal común, aceites de mala calidad y huevos deshidratados que en el proceso su colesterol se ha oxidado y se depositará con facilidad en las arterias. ¡Si logramos comprender la diferencia, habremos dado un gran paso a la hora de mejorar nuestra capacidad de elegir los alimentos que día a día nos ayudarán a crear salud!

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